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"El diablo bebito", leyenda popular mexicana

Actualizado: 26 oct 2025


En la zona del bello estado de Guerrero, se cuenta una leyenda que se dice ocurrió en algún pueblo perdido atrás de la montaña, donde los campesinos acostumbran, después de un largo día de siembra o cosecha de los campos, reunirse con algunos amigos y refrescarse la garganta en alguna cantina con un buen mezcal o un buen pulque antes de llegar a descansar a casa; y en una de esas noches ocurrió lo que enseguida se va a relatar:


Esta historia le sucedió a don José, un campesino como tantos otros quien un día después de haber trabajado varias horas en su cosecha de maíz, llegó el momento en que el sol comenzaba a ocultarse tras las hermosas montañas de la sierra; así que guardó toda la herramienta en su viejo, sucio y desgastado morral para tomar el camino hasta su pueblo ubicado kilómetros más abajo del lugar donde se encontraban sus sembradíos de maíz.


Así tomó el camino hasta llegar al pueblo y, como es la costumbre, se animó entrar a la cantina de don Javier donde sabía que encontraría a todos los hombres del pueblo, y se dijo:


—Un buen mezcalito antes de ir a casa no hace daño a nadie...


Así que don José entró a la cantina; allí se encontró con don Genaro y don Isidro, viejos amigos campesinos, quienes en ese momento comentaban la leyenda que andaba en boca de todos los del pueblo. Se decía que después de las 12 de la noche el diablo andaba rondando el pueblo porque ya varios de los vecinos lo habían visto, todos con una forma diferente, pero todos aseguraban que no podía ser nada más que el mismo demonio. Una mujer lo había visto en forma de perro negro; otro vecino lo vio en forma de toro, y así sucesivamente dijeron muchos acontecimientos. Don José sólo se rió y, soltando una gran carcajada, dijo a sus ebrios amigos:


—¡A mí el demonio me pela los dientes! —además, añadió—: ¿Qué no se dan cuenta?, esas son puras

habladurías de nuestras esposas que no quieren que vengamos a tomarnos nuestros mezcalitos, nos quieren meter miedo para que lleguemos temprano a la casa, no hagan caso de esas tonterías.


Después de echarse varios mezcales, don José salió de la cantina, atravesando parte del pueblo que, por

cierto, tenía muy poco alumbrado público, así que sólo veía el empedrado de la calle por el reflejo de la luna llena, que aún se puede observar en todo su esplendor en el cielo despejado de varios pueblos del estado de Guerrero.


Don José iba caminando cuando de pronto escuchó un sonido, como un chillido, pensó que se trataba de

una gata en celo; por lo que no hizo mucho caso y siguió su camino; pero sólo había dado unos cuantos pasos, cuando volvió a escuchar el mismo ruido, pero ahora más nítidamente, y esta vez sí distinguió claramente que era el llanto de un bebé. Prestó atención para ubicar de dónde venía el sonido hasta que descubrió que en la entrada de una casa abandonada se encontraba un bulto que se movía. Se acercó sigilosamente, y con precaución retiró las mantas que cubrían “el bulto”; con asombro observó que en el interior de la cobija estaba un bebé llorando.


—Maldita! ¡Mil veces maldita la mujer que te abandonó! ¿Tú qué culpa tienes? —dijo don José con una retahíla de adjetivos a la mujer o madre que él suponía había abandonado al inocente bebé.


Lo tomó entre sus brazos y decidió llevarlo a su casa mientras se resolvía el misterio de los padres del bebé que no paraba de llorar; así, comenzó el camino rumbo a casa, poco a poco el bebé fue controlando su llanto, pero mientras don José avanzaba sentía más y más peso del bebé que cargaba entre sus brazos. Llegó un momento en que ya no pudo avanzar más, decidió detenerse, ya que el bulto estaba demasiado pesado. Con curiosidad, quitó la cobija del bebé para ver su cara, y de pronto el bebé exclamó:


—¡Mira, papi, mis dientitos!


Don José, horrorizado, vio que los ojos del bebé eran rojos como el fuego, y que de su boca sobresalían largos colmillos. Sin pensarlo, aventó al bebé y corrió despavorido y sin rumbo fijo. Muchos dicen que desde ese día don José se volvió loco; otros que llegó apanicado a su casa contándole a su esposa lo sucedido, y que después estuvo con fiebres altísimas durante varios días hasta que murió. Nadie sabe

lo que pasó, sólo que se cumplió lo que don José le dijo a sus amigos en la cantina: “El diablo me pela los dientes”.

FIN


Título: El diablo bebito

Origen: México

Región asociada: Estado de Guerrero

Género: Leyenda popular mexicana

Tipo: Leyenda de terror o advertencia moralizante

Transmisión: Tradición oral (recogida en relatos populares del sur de México)

 
 
 

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