“El hombre del chocolate”, cuento de Ana María Matute
- Irlanda Tena Lúa
- 16 sept 2025
- 2 Min. de lectura

Yo no le conocí. Existió mucho antes de que yo naciera, cuando mi madre era niña, y los monjes de Valvanera, en su montaña, aún fabricaban el chocolate "a mano". Era un hombre viejo, afable, de barba y ojos azules. Mi madre y sus hermanos oían el cascabeleo de su mulita, cuando llegaba por el sendero nevado. Salían corriendo, tras las criadas, pisando el hielo, saltando alrededor del animal. El hombre que vendía chocolate sólo llegaba en invierno, cerca de la Navidad. Entre la nieve, dicen, resaltaba la negrura de Morita, la mula, y el rojo, verde y amarillo de las alforjas.
Cuando se abrían éstas, un cálido aroma llenaba el quieto ámbito de la nieve. Las criadas compraban por docenas las tabletas de chocolate, grandes y pesadas como ladrillos, que abastecían a la casa durante todo el año.
El hombre del chocolate transportaba su caliente mercancía cuando el tiempo era más helado, pero él parecía como estimulado, como confortado, por su dulce carga. Todo él emanaba aquel aroma a cacao y canela, y llevaba siempre caramelos y libros de cuentos para los niños que salían a recibirle. Unos cuentos-miniatura, que también olían tórridamente a chocolate. Tenía algo de mago, de Papá Noel, de duende y de santón a un tiempo. De su boca, y del belfo de Morita, salían pequeñas nubes blancas, en el frío aire de la Sierra. El hombre del chocolate no tenía familia: ni hermanos, ni hijos, ni mujer. Podría ser abuelo, por la edad, pero tampoco se sabía que tuviera nietos. Era querido por todo el mundo, y le llamaban «Chocolate».
Un día, parece ser, en varios pueblos lo echaron en falta. En casa de mi madre, las criadas se quejaron:
-¿Cómo no viene este año el hombre del chocolate? ¡Ya le vamos a gritar cuando aparezca!
Pasó la Navidad, y ni el viejo Chocolate», ni su Morita, aparecieron por la casa. Nevó mucho aquel invierno.
Después del Año Nuevo, un pastor trajo la noticia. El pobre «Chocolate» había caído con su Morita en un barranco. Quizá le dio un vahído, quizá resbaló por la pendiente. El pastor halló las alforjas y un reguero de paquetes de Chocolate de los Padres de Valvanera, que esparcía sobre la blancura helada un aroma de tibio hogar, de niños junto al hogar, que, tal vez, él nunca conoció.
Al fondo del barranco, el pastor encontró al hombre del chocolate, medio devorado por los lobos. En sus bolsillos, manchados de sangre, había un fajo de cuentos-miniatura: Caperucita roja, La princesa durmiente, Los once príncipes cisnes...
Mi madre y sus hermanos le lloraron durante mucho tiempo. En el Real de Valvanera se cantó una solemne misa por su alma, y dicen que acudieron todos los niños de los contornos; como si se tratase del abuelo, mago, duende o maravilla de cada uno de ellos.
Fin
• Título del cuento: El hombre del chocolate
• Autor: Ana María Matute
• Libro en que se incluye: El río
• Editorial: Ediciones Destino
• Lugar de publicación: Barcelona, España
• Año de publicación (primera edición): 1963



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