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"La Cosecha", cuento de Arminé Arjona

23 mar
3 min de lectura

Actualizado: 10 may


Pos la mera verdá fue mi primo Reynaldo el que me convenció pa' meterme en el negocio. Nos habíamos salido del rancho pa' que los lepes pudieran estudiar aunque fuera la secundaria y no estuvieran tan de al tiro como uno. Mi señora Agustina fue la que más insistió:


-Ándale, Jacinto, pos qué quieres que mañana tus hijos le estén rascando a la tierra como burros: a ver si llueve, que si las secas, que si esto, que si l'otro, pero nunca salimos de jodidos. Vámonos pa' Las Cruces. Allá de perdida hay estudio pa' los muchachos, pa' que sean algo mejor. Gente de bien, pues. Allá está tu familia, como quiera y nos echan la mano pa' empezar.


Con lo poco que juntamos me llevé a mis gentes a Las Cruces. Nuestra idea fue poner un tanichito pa' ayudarnos. Reynaldo me aconsejó: -Mira primo, no creas que aquí la cosa está tan fácil. Yo me fui pa'l otro lado y traje unos dolaritos. Ya mi taniche está creciendo porque al fin conseguí permiso pa' vender cerveza. Eso es lo que en verdad deja. El trago nunca falla, pero para eso necesitas una feria.


-¿Cómo ves? La he estado pensando mucho y ora que estás aquí me he animado a proponerte un negocito. Ta' fácil, pero necesito alguien de confianza g como tú, alguien que no la vaya a regar.


-Tú dirás, primo. Yo sólo quiero levantar a mi gente. Tú sabes...


-Mira. Tengo por ahí un compadre que me vende semilla muy barata, semilla de la buena.


-¿Y qué vas a sembrar? -Pos mota, pues. Algo que nos deje harto dinero pa' los dos. Tú pones la mitad y entre tú y yo hacemos el trabajo solos.


-Oye, pero eso está cabrón. No quiero acabar en la cárcel.


-No seas güey. Ya tengo todo arreglado. No va a pasar nada, primo. Piénsalo unos días y luego me dices si te animas. No, pos le anduve dando vueltas al asunto como una semana. Yo nomás quería ver a mis hijos sin esas hilachas, comprarles zapatos, darles escuela. Empezar otra vida sin tanta miseria, pues. Con mucho sacrificio pusimos entre los dos cinco mil pesos pa' la dichosa semilla. Nos metimos en la troca de Reynaldo cuatro horas por el monte, y todavía de ahí caminamos otras cuatro horas. Sembramos varios días en una sierra bien alta y escondída.


-Aquí no llegan ni los sardos -me dijo Reynaldo está re' güena la tierrita.


Regresamos tan cansados a Las Cruces como si nos hubieran pasado por el molino del nixtamal.


A los cuantos meses Reynaldo me convidó a ver. cómo estaban las plantas. Les juro que ni en todos mis años de ver milpas grandotas había visto algo igual. Las matas estaban re' te chulas, muy altas y harto frondosas.


-¡Ya la hicimos! Vamos a sacar una buena cosecha de aquí, te lo aseguro -me dijo Reynaldo bien lurio.


Llegó el tiempo de levantar la siembra y ya me hacía con mucha feria pa' aliviar tantas necesidades de la familia. Subimos a la sierra y caminamos corno pendejos. Cuando dimos con el escondite se nos atragantó la saliva corno si fuera masa en la garganta. Ya no había riada. Ni una méndiga mata. Nos quedarnos callados, con muchas ganas de llorar.


-Nos cayeron los guachos, primo. Mugres soldados no dejaron ni madres. Lo bueno fue que no nos agarraron -berreó Reynaldo entre muino y agüitado.


-Pos sí, primo, pero qué tizna nos acomodaron. Tanto méndigo trabajo pa' nada.


Y así estábamos rumiando nuestra tristeza cuando de pronto me fijé en el suelo.


-Mira primo. Aquí hay hartas pisadas. Entonces recorrimos todo el terreno. Ya no nos quedó duda.


 -¡Pinches vacas hijas de su chingada madre!: gritaba Reynaldo una y otra vez.


Se habían tragado todo. Sin cerco que las parara, re' te a gusto las cabronas. Primero lloramos y luego fue pura risión todo el camino de regreso.


-¡Pinches vacas mariguanas, primo! ¡pinches vacas viciosas!


FIN


  • Autor: Arminé Arjona

  • Título: "La Cosecha"

  • Publicado en: Delicuentos Historias del Narcotráfico

  • Año: 2005



 
 
 

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