"Los zapatos del diablo, cuento de Camila Roque Cabrales
- Irlanda Tena Lúa
- 1 mar
- 6 Min. de lectura

Noche helada una vez más. Este invierno es la pesadilla de cualquiera que odie el frío. En una evacuación todos odian este clima, pero a esta gente solo le importa ella misma. ¿Desde cuándo se le niega un pan o un vaso de agua a alguien? Desde que ese hombre llegó, toda humanidad se fue con su llegada a Xilom, donde comes o serás comido; no hay punto medio ahora. Nadie sabe de dónde viene o qué quiere hacer. Solo unos pocos lo sabemos y entre ellos estoy yo…
17 de diciembre de 2072, ese día inició mi decaída y de la cual no me arrepentiría de entrar. Al trabajar bajo la misma organización que ese sádico investigador como subordinada, era una tortura. Loseila es aquella que gobierna dentro de este lugar donde el aire te llena los pulmones con traición, sangre y lástima. Y más para los que trabajábamos bajo el mando de ese atrae-muerte. Si tenías suerte, seguías completo y con todos tus órganos dentro de ti; y a los que les parecían interesantes o cualificados, los tomaba como sus ratas de laboratorio. Fui una de esas desafortunadas; no sé qué sucedió conmigo, pero me dejó ir. Estaba completa físicamente, pero las noches sabían qué tormento había pasado esos eternos días de dolor.
Fui tan brillante que atraje a un codicioso. Era la estrella de toda mi vida; nunca me faltaron los halagos de físico o inteligencia. A los 17 entré temprano a la academia, universidad de sueños para todos y algo que logré como si fuera hacer un panqueque por la mañana, tan fácil que parecía ridículo. Y eso me condenó.
Al momento de ser mi último ciclo recibí ese trato del demonio mismo. Loseila me solicitaba integrarme a las filas de los traicioneros come almas de las luces. Acepté sin saber que yo misma me ponía ese grillete. Observé y escribí mi alegre y afirmativa respuesta: ACEPTÉ TRABAJAR PARA ESE DEMONIO CODICIOSO DE SABER.
Se le solicita que salga de su domicilio bajo disposición oficial de la dama noble Loseila. Salvatore, se le solicita volver a la organización bajo cuidado de Saoirse, tercera de Castilla… Nadie abrió; sé que estaba dentro por esos pasos que me producían escalofríos al escucharlos. No tengo idea de cuánto tiempo pasó hasta que esa bendita puerta se abrió de par en par para reclamar a quien había esperado por no sé qué tanto tiempo. Entré buscando a aquel hombre y lo que vi fue algo que no esperaba: era él, con una taza de té en su mano y otra en la mesa enfrente de él. Era ridículo el contraste de esas tazas tan frágiles y delicadas en comparación con ese hombre.
Me estaba esperando y yo no lo sabía. Ese hombre me da un terror, siempre un paso adelante, como el cínico lunático que es…
Él no habló; solo hizo un gesto para que tomara una taza y me sentara a su lado. Obedecí… No sé por qué, solo al ver esa máscara me hacía temblar. Me senté y repetí ese inútil trozo de papel y, a media frase, me interrumpió al aclararse la garganta, un gesto que él hacía cuando se consideraba ganador.
Él tenía razón: él ganó y yo debía caer y portarme bien en esa jaula de cristal como la rata que fue perdonada en un cruel experimento.
Loseila, la dama noble, solicita su regreso inmediato a la organización Sa… Las palabras murieron en mi garganta. Ese cínico sonrió de tal manera que parecía un demonio en un traje de seda y me respondió con ese tono sarcástico.
—Loseila sabe bien qué piezas mover —respondió, y con esa corta frase entendí que cortó toda opción mía de cumplir con aquella orden.
—Mi señora es de carácter inteligente… —respondí a medias antes de que su voz cargada de odio volviera a interrumpirme—. No seas ridícula. No te enviaron para que vinieras por mí; te envió para que trabajaras para mí. Si ella quisiera que volviera, estarías con escoltas y cientos de personas estarían acompañándote. ¿Por qué vienes sola si, según, te mandó para que regrese a las luces?
—Los planes de mi señora son sagrados; si me envió sola es porque confía en mí —respondí con incertidumbre. Él tenía razón y era lo peor…
—De verdad que acerté con darte la carta a ti, tan leal como un perro e inteligente como un halcón, pero tan tonta como un ratón —me respondió con una sonrisa que le achinaba esos ojos malditos llenos de avaricia y pecado.
—Ya que aceptaste trabajar para mí…—
Decidí interrumpirlo con un reclamo:
—¡TRABAJAR PARA TI, NUNCA! Prefiero perder mi libertad que ser tu…
Él hizo un gesto de silencio.
—¿Libertad? ¡Qué gracia! Cuando tomaste esa carta entre tus dedos cansados de tantos exámenes, PERDISTE TODA LIBERTAD, SAOIRSE.
Tomó mi rostro con una mueca burlona, se quitó esa máscara que recuerdo a detalle perfectamente y la puso sobre mis alguna vez libres ojos. Con ese simple gesto me hizo entender que yo ya había perdido incluso antes de iniciar a jugar el shatranj.
Mis lágrimas sellaron el trato no hablado; vendí mi alma al diablo tiempo atrás.
—Yo soy el demonio hambriento de saber o eres tú que vendiste tu Saoirse por un poco de conocimiento y poder. SOMOS DEL MISMO INFIERNO. TÚ NO LO RECONOCES, PERO YO SÍ. SÉ QUE SOY UN PECADOR, PERO TÚ TE CREES LA SANTA.
Salvatore me dijo, acercándose a mi rostro ya cubierto por su máscara. Me convertí en el arlecchino que debe entretener al rey.
Mi primera introducción a cómo ser un perfecto arlecchino comenzó. Aquel importante papel, carente de significado para los dos, ahora yacía en el piso, cubierto de trozos de mi caída taza de té. Mi identidad como estrella académica se redujo a un papel, como el gorrión que espera ser comido por el cuervo que lo encerró en una jaula de saber.
Él me hizo caer en una mayor obsesión por el saber y el conocimiento; me ofreció inteligencia a cambio de entregarme y yo lo acepté por codicia.
18 de marzo de 2073
—¡SAOIRSE! MI LIVIA BLANCA…
Esa frase interrumpió la investigación de Salvatore bajo mi ayuda como prueba de testeo. Pero yo reconozco esa voz; me dio calma cuando solo dolor tenía mi alma. Era Gideon, mi dulce amor.
—Gideon… aquí estoy.
Mi corazón respondió antes que mi quebrada mente. Vi cómo el rostro de Salvatore se convertía en una mueca de decepción y coraje, pero solo podía pensar en aquel sonido de la voz de mi una vez compañero.
—¡SABÍA QUE ÉL ERA UN PELIGRO PARA TI, LIVIA! Dime y yo te rescato, mi dolce…
Salvatore dio una risita de burla y habló:
—No es necesario tanto esfuerzo. Livia es mi arlecchino. Retírate, zanate de cuarta. Ella decidió todo por sí misma.
—Livia no tiene un libro de chistes para entretenerte. Saoirse es libertad y ese nombre lo lleva desde que respiró por primera vez este fresco aire, mientras que tú, salvador que rompe almas, eres algo que repudia Xilom.
—Gideon, vete. Por fin tendré un conocimiento que nadie tendrá. Yo acepté… YO ME PUSE LA MÁSCARA.
Le grité, cortando el intento de Gideon de hacer todo por mí. Una vez me dijo que no lo amaba lo suficiente; le dije que estaba equivocado, pero qué razón tenía él: la verdad no lo amaba como amaba ese deseo de conocer. Salvatore me tenía como su bufón, pero yo sentía que era un amor verdadero. Él le dio el mundo y amor, pero nunca fue suficiente. Siempre quería todo. Podía escuchar su conversación, que en realidad eran reclamos y gritos uno al otro. Uno pedía mi libertad y el otro poder experimentar todo en mí.
Podía escuchar los violines que me daban la bienvenida a otro lugar, las sirenas que sonaban afuera de esa puerta de madera y los gritos de un amor negado y otro lleno de pecado y horror. En un momento donde ambos hombres sangraban y no dejaban de pedir que fuera con ellos y no con el otro, decidí hablar:
—Él es mi hombre. Estamos tomados de la mano, caminando como colegas hambrientos de saber por este infierno. Le quiero como a nadie porque es mi cuervo y mi hombre. Sé que me condené, pero nadie tiene que entender. Vete y déjame vivir este cálido cielo, Gideon…
Esas fueron las palabras que le dije a Gideon antes de que él desapareciera ante la puerta para ya no volver. Salvatore, lleno de orgullo, tomó mi mano victorioso tras la derrota del zanate.
Me encaminó a una sala que parecía una jaula y no tanto recámara. El cuervo ya comió y fue al gorrión. Decidí quedarme como la máscara dos. Los zapatos del diablo recorren mi vida ahora y siempre, porque yo firmé mi libertad por su saber.
12 de mayo de 2093
MI GORRIÓN SE DESVANECIÓ EN SU JAULA. LÁSTIMA… DEBERÉ ENCONTRAR UN NUEVO ARLECCHINO…
ATENTAMENTE, TU DIABLO: SAOIRSE.ABRAZOS, “SALVATORE”.
FIN
Autor: Camila Roque Cabrales
Título: Los zapatos del diablo
Proyecto de la materia de Lengua y Comunicación II
Año:2026



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