"Jack el destripador V2.0", cuento de Ángel Sebastián Molinar Ríos.
- Irlanda Tena Lúa
- 11 mar
- 2 Min. de lectura

Jack creció entre bolsas negras y olores podridos.
Desde pequeño aprendió que la comida no estaba en la mesa… estaba en la calle.
Las otras personas no veían nada especial en él, pero Jack sí veía algo en los demás:
los colores.
No eran colores reales, eran como un brillo alrededor de la gente.
Rojo: enojo.
Azul: tristeza.
Gris: vacío.
Y el amarillo… el amarillo era paz.
Ese color solo lo veía en su madre.
Ella volvía cada noche cansada, con los ojos hundidos y los labios temblorosos, pero cuando miraba a Jack siempre aparecía ese brillo amarillo. Era lo único cálido en su mundo.
Jack nunca conoció a su padre, solo sabía una cosa: era rico. Muy rico.
Lo suficiente como para olvidarse de ellos.
Un día todo cambió.
Jack llegó corriendo a casa, emocionado porque había encontrado una manzana casi intacta. Pero al abrir la puerta encontró a su madre llorando.
No era azul.
No era gris.
Era rojo oscuro… casi negro.
Ella gritaba el nombre del hombre que los abandonó. Decía que se había casado con otra mujer. Que ahora tenía una vida perfecta.
Cuando vio a Jack, el rojo explotó.
Lo culpó.
Lo empujó.
Lo golpeó.
Jack retrocedió confundido. Buscó el amarillo… pero no estaba.
Por primera vez su madre era alguien desconocido.
El miedo empezó a crecer dentro de él.
Y entonces ocurrió algo.
Al defenderse, Jack vio un color nuevo.
Morado.
No venía de él. Venía de ella.
El morado era terror.
Después… silencio.
El amarillo nunca volvió.
Jack no lloró.
Se quedó observando el vacío de la habitación.
Y descubrió algo inquietante: la calma que sentía era mayor que cualquier tristeza.
Esa noche huyó.
Los días siguientes fueron borrosos.
Calles, parques, estaciones, gente desconocida.
Pero Jack no veía personas… veía colores.
Y cada vez que alguien mentía, el color temblaba.
Cada vez que alguien fingía cariño, el brillo se volvía opaco.
El mundo estaba lleno de máscaras.
Con el tiempo encontró la casa de su padre.
Grande. Blanca. Perfecta.
El hombre reía con su nueva esposa bajo una luz amarilla artificial… pero Jack no veía amarillo real.
Solo vio gris.
Vacío.
Esa fue la primera vez que entendió algo:
El amarillo verdadero no era felicidad.
Era amor.
Y casi nadie lo tenía.
Pasaron años.
Jack dejó de ser un niño sucio de la calle.
Aprendió a hablar bien.
A vestirse bien.
A sonreír.
Tomó ropa elegante, adoptó nombres distintos, fingió vidas diferentes.
La gente confiaba en él porque proyectaba lo que querían ver.
Pero él solo buscaba un color.
El amarillo real.
Nunca lo encontraba.
Solo miedo… mentiras… y soledad.
Y cada vez que confirmaba que una persona fingía ser buena, sentía la misma calma de aquella noche. No rabia. No placer. Solo silencio interior.
FIN
Autor: Ángel Sebastián Molinar Ríos
Título: Jack el destripador V2.0
Proyecto de la materia de Lengua y Comunicación II
Año: 2026



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