"El eco de lo que somos", cuento de Lenny Axel Bustamante Esparza
- Irlanda Tena Lúa
- 1 mar
- 3 Min. de lectura

Nadie recordaba cuándo apareció la Torre.
No figuraba en mapas antiguos ni en relatos de viajeros, pero una mañana estaba ahí: negra, infinita, clavada en medio del desierto como una pregunta sin respuesta. No proyectaba sombra, y aun así oscurecía todo a su alrededor.
A quienes se acercaban, la Torre no los llamaba con palabras, sino con ideas. Pensamientos que no eran propios. Dudas que no se habían formulado jamás.
Elian fue uno de ellos.
No era un héroe ni un sabio. Era un corredor: transportaba mensajes entre ciudades que ya no confiaban unas en otras. En un mundo donde la verdad se fragmentaba según quien la contara, Elian solo creía en el movimiento. Mientras avanzara, no tenía que pensar.
Hasta que la Torre se cruzó en su camino.
La noche en que la vio por primera vez, el viento se detuvo. El silencio cayó como una orden. Y entonces escuchó una voz, no afuera, sino dentro:
—¿Eres lo que eliges… o lo que te obligaron a ser?
Elian huyó.
Corrió durante horas, con el corazón golpeándole las costillas, pero la voz seguía ahí. No gritaba. Esperaba.
El primer guardián
Al tercer día, Elian regresó.
No por valentía, sino por cansancio. Porque huir también es una decisión, y toda decisión tiene un peso.
La entrada de la Torre no tenía puertas. Solo una grieta en el aire, como si el mundo se hubiera quebrado. Al cruzarla, el calor del desierto desapareció. Dentro, todo era piedra y ecos.
Un guardián emergió de la oscuridad. No era un monstruo, ni un hombre. Cambiaba de forma según los recuerdos de quien lo miraba.
—¿Vienes a subir o a justificarte? —preguntó.
—No sé qué busco —respondió Elian.
El guardián sonrió.
—Entonces buscas lo mismo que todos.
La pelea fue brutal. Elian no luchaba contra un cuerpo, sino contra imágenes de sí mismo: momentos en los que calló cuando debió hablar, cuando obedeció por miedo, cuando eligió el camino fácil.
Cada golpe que daba, lo recibía también.
Sangrando y exhausto, entendió algo: no podía vencer negándose. Solo aceptándose.
Cuando bajó su arma, el guardián se desvaneció.
—La violencia sin conciencia es solo ruido —dijo antes de desaparecer.
Los niveles de la verdad
La Torre no subía en línea recta. Giraba sobre sí misma, como si quisiera confundir al tiempo. En cada nivel, Elian encontraba a otros: guerreros, pensadores, fugitivos. Todos atrapados en pruebas distintas, pero unidas por una misma pregunta:
¿Quién eres cuando nadie te mira?
Algunos se aliaban con él, pero la Torre los separaba tarde o temprano. Porque el camino interior no admite acompañantes.
En el quinto nivel, una ciudad entera lo atacó. Habitantes armados, convencidos de que Elian era la causa de su sufrimiento. Él se defendió, luchó, gritó… hasta que comprendió la trampa.
No eran enemigos reales. Eran proyecciones de la culpa colectiva.
Dejó caer su espada.
La ciudad se desmoronó.
El núcleo
En la cima no había gloria.
Solo una sala vacía y un espejo.
La voz regresó, ya sin misterio:
—La Torre no juzga. Refleja.
Elian vio su vida entera en el espejo, pero no como la recordaba, sino como realmente fue: decisiones pequeñas que construyeron consecuencias enormes. Miedos que gobernaron más que la razón. Momentos en los que pudo cambiarlo todo… y no lo hizo.
—¿Esto es el castigo? —preguntó.
—No —respondió la voz—. Esto es la libertad.
La Torre empezó a colapsar. No con explosiones, sino con sentido. Como si su existencia ya no fuera necesaria.
Elian salió al desierto justo cuando la primera luz del amanecer tocaba la arena.
La Torre ya no estaba.
El mundo después
Elian volvió a correr mensajes, pero algo había cambiado. Ya no solo llevaba palabras ajenas. A veces, se detenía. A veces, cuestionaba órdenes. A veces, decía no.
El mundo no se volvió mejor de inmediato. Nunca lo hace.
Pero cada decisión consciente era una grieta nueva en las torres invisibles que gobiernan a las personas.
Y en las noches silenciosas, cuando el viento parecía escuchar, Elian pensaba:
Tal vez el sentido de la vida no sea llegar a la cima… sino elegir subir, sabiendo que el camino te cambiará.
FIN
Autor: Lenny Axel Bustamante Esparza
Título: El eco de lo que somos
Proyecto de la materia de Lengua y Comunicación II
Año:2026



Comentarios