"El edificio de las historias", cuento de Melissa Iveth Banda Romero
- Irlanda Tena Lúa
- 1 mar
- 2 Min. de lectura

La primera vez que entré al viejo edificio de la calle Morelos sentí que algo no estaba en su lugar. No era solo el polvo acumulado en las ventanas ni el eco de mis pasos en el pasillo vacío, sino una sensación extraña, como si las paredes guardaran secretos. Yo no solía meterme en lugares abandonados, pero esa tarde, después de la escuela, algo me impulsó a hacerlo. Tal vez fue la curiosidad… o tal vez necesitaba escapar un poco de mis propios pensamientos.
El edificio había sido, según contaban los vecinos, una biblioteca. Mi abuela decía que ahí las personas no solo leían libros, sino que también escribían sus propias historias. Siempre pensé que eso era una exageración, porque las historias no se quedan atrapadas en un lugar… o al menos eso creía.
Mientras avanzaba, encontré una sala amplia con un mural pintado en la pared. Mostraba un castillo dividido en cuatro escenas: un camino que llevaba a la entrada, una tormenta rodeándolo, un dragón lanzando fuego y, al final, un amanecer tranquilo. Debajo del mural había un letrero casi borrado que decía: «Toda historia tiene su estructura».
No entendí el mensaje hasta que escuché un ruido detrás de mí. Me giré rápidamente, pero no había nadie. Sin embargo, en el centro del salón apareció una mesa que antes no estaba ahí. Sobre ella descansaba un cuaderno viejo. Lo abrí y en la primera página decía: «Introducción: presenta el contexto y los personajes».
El ambiente cambió de inmediato. El aire se volvió más frío y el edificio dejó de parecer abandonado. Las luces se encendieron y escuché voces. Frente a mí apareció un joven con ropa antigua. Me miró sorprendido.
—¿Quién eres? —preguntó.
Se llamaba Tomás y buscaba un libro perdido que contenía las historias de todos los habitantes del pueblo. Sin ese libro, los recuerdos desaparecerían y nadie sabría quiénes fueron. Así comenzó nuestra aventura.
Recorrimos pasillos que parecían interminables. Cada puerta mostraba un recuerdo distinto: una fiesta, una despedida, una promesa. El lugar cambiaba a cada paso, como si probara nuestro valor. Tomás parecía valiente, pero el miedo se notaba en su voz.
—Si no lo encontramos, dejaré de existir —confesó.
Entonces apareció el dragón del mural, enorme y amenazante, custodiando una puerta roja.
—Solo quien entienda la historia podrá continuar —dijo con voz profunda.
Recordé todo lo que habíamos vivido: el inicio, el conflicto y ese momento de mayor tensión. Respiré hondo.
—Las historias no mueren si alguien las recuerda —respondí.
El dragón comenzó a desvanecerse y la puerta se abrió. Detrás estaba el libro. Al abrirlo, vimos cientos de nombres escritos y, en la última página, estaba el mío.
—Ahora tú también eres parte de esta historia —dijo Tomás con una sonrisa.
El edificio volvió a quedar en silencio. Cuando salí, el sol se estaba ocultando, pero yo ya no era el mismo. Entendí que cada persona es protagonista de su propia historia y que todas siguen una estructura: inicio, conflicto y final.
Desde ese día supe que las historias siguen vivas mientras alguien esté dispuesto a contarlas… y que yo también estoy escribiendo la mía.
FIN
Autor: Melissa Iveth Banda Romero
Título: El edificio de las historias
Proyecto de la materia de Lengua y Comunicación II
Año:2026



Comentarios