"El gato que buscaba oro", cuento de Santiago Ramos Zavala.
- Irlanda Tena Lúa
- 11 mar
- 3 Min. de lectura

Hace aproximadamente un año cayó un meteorito en la famosa ciudad de Nueva York. Del meteorito surgió una luz tan cegadora como el sol. Cuando el destello desapareció, emergió una extraña criatura con forma de gato.
Era verde y tenía una apariencia peculiar: de su cabeza sobresalían unas antenas que vibraban constantemente. De ellas surgió una voz mecánica:
—Tierra, planeta abundante en recursos… y oro. El suficiente oro para pagar tu deuda y aun así vivir como millonario.
El gato sonrió y miró la ciudad. Estaba convencido de que allí su vida cambiaría.
Al día siguiente caminaba por las calles como si nada hubiera ocurrido. Gracias a un sistema de camuflaje podía parecer un gato común y corriente.
Durante una de sus caminatas observó una revuelta política que escalaba lentamente, pero con seguridad. Primero fueron insultos, luego empujones y finalmente un tiroteo, justo en el lugar donde él se encontraba.
En el suelo vio muchos casquillos de bala y pensó que eran de oro. Sin embargo, la inteligencia artificial de sus antenas habló:
—Este material no es oro. Es otro mineral más blando y menos valioso, conocido como cobre.
El gato se marchó decepcionado.
Mientras corría para salir del tiroteo, casi fue atropellado por un automóvil. El conductor frenó bruscamente y provocó un choque aún mayor. Al seguir caminando por la calle encontró a varias personas inmóviles, con la mirada perdida, babeando y cubiertas de suciedad. Parecían zombis.
Intentó hablar con una de ellas, pero no respondió. Entonces la inteligencia artificial explicó:
—Estas personas están bajo el efecto de un estupefaciente conocido como fentanilo.
El gato preguntó:
—¿Y qué hace ese fentanilo para que la gente termine así?
La IA respondió:
—Daña gravemente los sentidos. Produce una sensación intensa de placer momentáneo, pero deja consecuencias mucho más profundas con el tiempo.
Días después, durante otra caminata, entró a una tienda cualquiera y vio a un hombre vestido con ropa costosa y cubierto de joyas.
La IA habló nuevamente:
—Esa persona lleva oro. No es suficiente para pagar tu deuda, pero reduciría un diez por ciento.
Sin pensarlo, el gato saltó para robarle las joyas. Mientras escapaba corriendo, una persona gritó:
—¡Ese gato parece hecho de oro!
El camuflaje lo hacía ver extremadamente naranja, casi brillante, como si su pelaje estuviera hecho del metal precioso.
La inteligencia artificial decidió entonces bautizarlo.
—Tu nombre será Oro.
El gato aceptó el nombre con orgullo, pues su obsesión con aquel recurso era evidente.
Esa misma noche le preguntó a la IA dónde podía encontrar más oro para pagar su deuda.
—En este planeta existen lugares llamados joyerías —respondió la voz—. Allí guardan grandes cantidades de oro.
Oro salió a buscarlas lo más rápido que pudo.
Esa noche encontró una gran joyería y entró. La cantidad de oro que vio lo deslumbró. No había nadie dentro, así que comenzó a tragarse las piezas para poder transportarlas con facilidad.
De pronto, las alarmas comenzaron a sonar.
Oro salió corriendo hacia su nave, la misma en la que había llegado a la Tierra. Poco después partió rumbo a su planeta de origen: Plutón.
Al llegar fue directamente al banco para pagar su deuda.
El encargado revisó el oro y dijo:
—Esto es suficiente para pagar tu deuda inicial… pero no cubre lo que gastaste durante tu búsqueda. Tendrás que volver a conseguir más o trabajar como cazarrecompensas.
Oro miró sus patas en silencio.
Luego respondió:
—Elijo la segunda opción.
Sin decir nada más, se dirigió a su nave y partió nuevamente hacia la Tierra.
Pero esta vez no regresaría por oro.
Regresaría a cazar recompensas.
Y quizá pasaría mucho, mucho tiempo antes de que volviera a casa.
FIN
Autor: Santiago Ramos Zavala
Título: El gato que buscaba oro
Proyecto de la materia de Lengua y Comunicación II
Año: 2026



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