"El secreto de la esmeralda", cuento de Kevin Omar Santiago Quintero
- Irlanda Tena Lúa
- 11 mar
- 8 Min. de lectura

Había una vez un niño llamado Eitan, que se había mudado con su madre a la vieja casa de su abuelo. Nadie conocía bien al anciano; su familia lo había abandonado y lo último que supieron de él fue que había desaparecido.
La tarde comenzaba a caer y la noche llegaba junto con una gran tormenta. Eitan caminaba por el pasillo con una caja entre sus manos, pues aún no terminaba de desempacar sus cosas en su habitación. Mientras avanzaba, un estruendo parecido a un relámpago lo sobresaltó, provocando que soltara la caja. Al caer, esta movió por accidente una vieja alfombra, dejando al descubierto una puerta que conducía a un sótano secreto.
A Eitan le pareció extraño, pero recogió la caja y siguió adelante. La dejó en su habitación y acomodó lo que llevaba dentro. Al regresar al pasillo, notó que la puerta estaba descubierta y de ella emanaba una luz brillante de color esmeralda. Le pareció demasiado extraño, sobre todo porque la luz era muy intensa, pero la ignoró y continuó su camino. Mientras se dirigía a la cocina, escuchó la voz de su madre decir:
— Hijo, ya está la cena. Ven a cenar.
— Gracias, madre, iré enseguida — respondió él.
Aunque quedó extrañado por un momento, se sentó a cenar. Durante la comida, le preguntó:
— Ma, ¿tú sabías que el abuelo tenía un sótano?
La madre se quedó sorprendida y contestó:
— No, en lo absoluto. No solía visitar mucho al abuelo.
Eitan se sorprendió un poco. Terminó de cenar, levantó su plato y regresó a su habitación. Mientras pasaba nuevamente por el pequeño pasillo, volvió a ver la luz resplandeciente bajo el borde de la vieja alfombra. Su corazón y su mente se llenaron de intriga. ¿Qué era lo que ocultaba aquel sótano? Se lo preguntaba una y otra vez.
Se acostó y se quedó dormido. Fue una noche muy lluviosa; los relámpagos resonaban sin parar. Eitan se despertó de madrugada con ganas de ir al baño. Tomó una lámpara, pues la noche era muy oscura, y además sabía que su madre trabajaría todo el día y toda la noche al día siguiente. Al salir del baño y regresar por el pasillo, volvió a ver aquella luz resplandeciente, pero ahora era aún más brillante. La intriga lo invadió por completo; ya no podía controlar su mente. Por fin decidió descubrir qué se ocultaba en aquel sótano.
Movió la vieja alfombra y abrió la puerta. Era una puerta antigua, cubierta de polvo, que crujía al abrirse. Estaba muy nervioso, pues no quería hacer ruido: su madre dormía y sabía que pronto se iría a trabajar. Entró con cuidado y cerró la puerta tras de sí. Al darse la vuelta, vio cómo aquella luz esmeralda provenía de un viejo baúl que estaba sobre un escritorio antiguo, con bordes dorados y acabados elegantes. Tenía un gran cerrojo y, a su lado, una llave dorada con una pequeña esmeralda incrustada.
La curiosidad lo invadió. Abrió el baúl, tomó la llave, la colocó en el cerrojo y lo abrió. Dentro encontró un enorme libro que brillaba intensamente. Se cubrió los ojos, pues la luz era tan resplandeciente que no podía distinguirlo bien. El libro tenía detalles dorados, parecía de cuero y mostraba incrustaciones de oro. En el centro había una gran esmeralda verde en forma de corazón que iluminaba toda la habitación. Tomó el libro sin abrirlo, ya que también tenía un cerrojo. Lo sostuvo y lo observó detenidamente.
— Qué raro libro — dijo.
En ese instante sonó un estruendo como de relámpago y la lluvia arreció con más fuerza. Eitan se asustó y, por accidente, dejó caer el libro. Al hacerlo, la esmeralda en forma de corazón cayó al suelo y se partió en tres. Asustado, confundido y triste, recogió los fragmentos y dijo:
— ¿Qué he hecho?
Intentó recomponer la esmeralda, pero no pudo. Ya no resplandecía; se había oscurecido como una roca. Entonces tomó la llave y abrió el libro, con la esperanza de encontrar en su interior alguna solución para reparar la esmeralda convertida en piedra. Al abrirlo, las hojas comenzaron a moverse solas y de su interior brotó una luz intensa. Luego salió un viento recio que estremeció todo su cuerpo. La esmeralda, ya convertida en roca, se transformó en tinta y el libro la absorbió. Sus ojos quedaron impactados al ver cómo aquella roca se convertía en tinta frente a él.
De pronto, comenzó a sentirse atraído hacia el libro. Pensó que estaba soñando, pero sus manos empezaron a convertirse en tinta líquida y fueron absorbidas. El viento soplaba con fuerza sobre todo su ser; poco a poco, él mismo se transformaba en tinta mientras el libro no dejaba de agitar sus páginas. La luz se volvió cada vez más intensa hasta que, de un momento a otro, todo se convirtió en una luz blanca.
Cuando abrió los ojos, ya no estaba en el sótano. Se encontraba en un pueblo medieval muy extraño. Pensó que era un sueño, algo que solo había visto en películas o cuentos. Parpadeó varias veces, esperando despertar, pero seguía allí: casas antiguas de piedra y madera lo rodeaban.
Se levantó y caminó un poco. Frente a él vio una gran multitud y, a lo lejos, un enorme castillo con grandes banderas azules. El pueblo estaba amurallado y el castillo imponía aún más respeto. De pronto, sonaron unas trompetas y Eitan quedó completamente confundido. Un hombre con vestimentas extrañas abrió un gran pergamino y dijo:
— ¡Atención! Guarden silencio. Su alteza, el rey Edramont, tiene un mensaje para ustedes.
Apareció entonces un hombre elegante, con ropas finas, una gran capa roja, armadura dorada y una corona de oro. La multitud se alteró, llena de miedo y preocupación. Eitan no entendía nada.
— ¡Orden, orden! Tranquilos, pueblo mío — dijo el rey.
Un hombre gritó desde la multitud:
— ¡Oh, rey! ¿Cómo no preocuparnos si la gran hechicera ha regresado y amenaza con destruir los reinos?
El rey, nervioso, respondió:
— ¡Claro que no! Esa hechicera no podrá contra nosotros.
Otra mujer gritó:
— ¿Cómo no temer, si en su corazón solo reina la maldad y ya ha atacado estas tierras antes?
El rey, incapaz de responder a tantas preocupaciones, se retiró. Eitan, confundido, comenzó a caminar sin rumbo hasta llegar a una montaña. Desde lo alto vio un gran árbol y, bajo él, a una bella doncella con vestimenta fina. En el suelo había una diadema dorada. Preocupado por su madre y sin saber dónde estaba, se acercó con educación:
— Disculpe, ¿me podría ayudar?
— Claro, ¿en qué puedo ayudarte? — respondió ella.
— Necesito encontrar el camino a mi casa. Vivo en un pequeño pueblo llamado Savannah, Georgia.
Ella lo miró confundida.
— No conozco ningún reino con ese nombre. Tal vez esté al sur... No he explorado más allá de las murallas. Tal vez Sir Rowan pueda ayudarte. Él conoce muchos lugares. Sígueme.
Caminaron bordeando la muralla hasta llegar a un acceso secreto. Subieron muchas escaleras hasta una torre. Eitan estaba exhausto, pero la doncella no mostraba cansancio alguno. Entraron a una sala llena de mapas, armas y escudos, donde se encontraba un gran caballero.
— Sir, he encontrado a este joven en el camino. Está perdido y pide ayuda para regresar a su reino — dijo ella.
El caballero, serio, respondió:
— Princesa mía, sabes que tu padre prohíbe la entrada de pueblerinos al castillo.
— Mi padre me dio permiso — mintió ella con tristeza.
— Entonces podré ayudarlos — aceptó el caballero.
Eitan comenzaba a explicarle a Sir Rowan todo, hasta que sonaron las trompetas reales del castillo. Sir Rowan y la joven doncella corrieron hasta la sala real. De repente, unas sombras en forma de serpiente se hicieron presentes y se convirtieron en una nube negra; apareció una anciana con vestiduras negras y un báculo con una serpiente en su cuello.
— Ah, mi alteza, qué gran recibimiento para una noble hechicera — dijo la anciana con voz burlona. — Cuánto tiempo ha pasado, veo el castillo más grande.
De pronto desapareció y tomó a la princesa.
— Qué hermosa muchachita — dijo con una gran voz de maldad.
Eitan se escondió, pero en el fondo sintió mucha preocupación por la doncella.
— No, Morgana, toma lo que desees, pero no te metas con ella — gritó el rey con autoridad.
— Ja, ahora tú pones las reglas, tú conoces lo que quiero — contestó la anciana.
El rey, derrotado, entregó lo que la anciana le pedía: un fragmento del corazón de la esmeralda. Eitan quedó impactado al reconocerla. La hechicera desapareció con la princesa y el rey cayó postrado, derrotado.
De pronto, un guardia gritó:
— ¡Mi alteza, un intruso!
El guardia no tuvo tiempo de desenvainar su espada. Antes de que pudiera acercarse, el Rey Edramont, con los ojos empañados por las lágrimas, levantó una mano temblorosa para detenerlo. El monarca miró fijamente a Eitan, reconociendo en la ropa del niño —aquella pijama de algodón tan ajena a las armaduras de acero— una señal de que lo imposible acababa de ocurrir.
— Tú... tú estabas en la luz — susurró el Rey, recordando el destello que precedió a la llegada de la hechicera.
Eitan, aunque aterrorizado, dio un paso al frente. Sus manos aún se sentían extrañas, como si la sensación de ser tinta líquida no se hubiera desvanecido del todo. Recordó el libro, la esmeralda y cómo se había partido en tres bajo la tormenta de Savannah.
— Yo causé esto, Majestad — dijo Eitan con voz firme —. Rompí el corazón de la esmeralda en mi mundo, y por eso ella tiene una parte ahora. Si ella consigue las tres piezas, no solo destruirá su reino, sino que el mío se desvanecerá en la oscuridad.
Sir Rowan se arrodilló ante el Rey:
— Mi señor, este joven posee un vínculo con el artefacto que ni siquiera la magia de Morgana comprende. Permítame llevarlo a las Tierras del Olvido. Si recuperamos el fragmento, recuperaremos a la Princesa.
Partieron al amanecer. Eitan observaba las casas de piedra mientras abandonaban la muralla, sintiendo que caminaba a través de las páginas del libro de su abuelo. Durante el viaje, Rowan le explicó que la esmeralda era el núcleo que mantenía la realidad unida.
— Tu abuelo no desapareció, Eitan — le confió el caballero —. Él era el Guardián del Códice. Al morir o partir, el libro buscó un nuevo linaje. Te buscó a ti.
Eitan miró sus manos. Al concentrarse, pudo ver cómo pequeñas gotas de tinta negra brotaban de sus yemas, formando figuras: un mapa del bosque, la silueta de su madre y la llave dorada.
Llegaron a la guarida de Morgana, una torre de roca negra. Allí, la hechicera ya había colocado el primer fragmento en un altar. La Princesa, encerrada en una jaula de sombras, gritó al verlos. Morgana rió y lanzó una ráfaga de viento recio. Sir Rowan fue lanzado contra la pared, pero Eitan corrió hacia el altar. Cuando Morgana intentó hechizarlo, el cuerpo de Eitan se volvió fluido; los ataques lo atravesaban porque él era de la misma sustancia mágica que el libro.
Eitan alcanzó el fragmento. Al tocarlo, una explosión de luz esmeralda recorrió sus venas.
— ¡No perteneces aquí, Morgana! ¡Vuelve a las páginas! — gritó Eitan.
El suelo tembló. El libro apareció flotando en el aire, succionando la luz y la oscuridad. La hechicera fue absorbida por las páginas, convirtiéndose en una ilustración más.
Con la hechicera derrotada, el mundo comenzó a desdibujarse. Eitan sentía que su peso regresaba.
— Debes irte, Guardián — dijo la Princesa, dándole un beso en la mejilla.
Eitan despertó en el suelo del sótano. La lámpara seguía encendida. Se levantó y vio el baúl; dentro, el libro estaba cerrado y la esmeralda de la portada estaba perfectamente unida, brillando con calidez. Cerró el sótano y volvió a colocar la alfombra.
Caminó por el pasillo hacia la cocina. Allí estaba su madre sirviendo la comida.
— Te quedaste dormido en el pasillo, hijo — dijo ella con una sonrisa —. Debes estar cansado por la mudanza.
Eitan se sentó a la mesa. Sus manos estaban limpias. Pero al mirar por la ventana hacia la noche de Savannah, juró ver entre los relámpagos la silueta de un castillo con banderas azules.
— Ma — dijo Eitan —, creo que el abuelo no desapareció. Creo que simplemente se fue de viaje.
Eitan terminó su cena, sabiendo que el sótano era la puerta al secreto más grande del mundo. Mientras el libro descansará bajo la alfombra, él se encargaría de que la luz esmeralda nunca volviera a apagarse.
FIN
Autor: Kevin Omar Santiago Quintero
Título: El secreto de la esmeralda
Proyecto de la materia de Lengua y Comunicación II
Año: 2026



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