"Gol al destino", cuento de Irving Alfonso Alvarado Fraire.
- Irlanda Tena Lúa
- 11 mar
- 3 Min. de lectura

El joven Yuma Kurogane acababa de salir del estadio tras perder un amistoso con sus compañeros. Se encontraba algo triste porque, a pesar de haber marcado dos goles, igualmente su equipo había perdido. Mientras caminaba con la mirada puesta en el suelo, se percató de una carta tirada. La levantó con curiosidad y, al leerla, se dio cuenta de que era una solicitud para ingresar a un proyecto que lo pondría dentro de la sub-20 de su país y lo convertiría en el mejor delantero del mundo.
Pero obviamente no le pertenecía. Al mirar a su alrededor, notó que no había nadie cerca. Dudó unos segundos… y al ver que nadie regresaba por ella, decidió llevársela a casa.
Ya en su hogar, el joven se sentó con sus padres y les contó lo ocurrido. Ellos le aconsejaron guardarla y buscar al dueño al día siguiente. Sin embargo, Yuma sentía algo extraño, como si esa carta lo llamara. Fue a su habitación y se quedó pensando si debía ir, aunque no tuviera nombre ni destinatario.
A la mañana siguiente se levantó temprano con la carta aún en sus manos. No sabía si debía seguir la dirección escrita o no, pero algo dentro de él le decía que esa oportunidad no era casualidad. Decidió salir a caminar para aclarar su mente.
Sin darse cuenta, sus pasos lo llevaron hasta la cancha donde solía entrenar con sus amigos. Allí estaban, esperándolo.
—Sabíamos que vendrías —dijo Haru, su mejor amigo—. No importa que hayamos perdido… todavía podemos mejorar.
Yuma sonrió levemente y guardó la carta en su bolsillo. En ese momento, otro equipo apareció en la cancha. Su capitán, un delantero arrogante llamado Raiden, soltó una risa burlona.
—¿Ustedes otra vez? Pensé que después de la derrota de ayer se habrían retirado.
Los amigos de Yuma se molestaron, pero él dio un paso al frente.
—Juguemos un partido —respondió con calma—. Si ganamos, dejarás de subestimarnos.
Raiden aceptó con una sonrisa confiada.
El partido comenzó intenso. El equipo rival dominaba el balón y anotó primero. Luego marcó otro gol. El marcador 2-0 pesaba como una roca. Los compañeros de Yuma empezaron a desesperarse, pero él recordó la carta y las palabras que había leído: “El mejor delantero del mundo.”
Respiró hondo.
—No importa el marcador —dijo—. Confíen en mí… y en ustedes.
Sus amigos asintieron. El partido continuó y, poco a poco, Yuma empezó a leer cada movimiento rival. Recuperó un balón, esquivó a dos jugadores y anotó el primero. Minutos después, asistió a Haru para el empate.
Última jugada.
El balón llegó a Yuma. Raiden se puso frente a él.
—No pasarás.
Yuma sonrió.
—No necesito pasar.
Con un movimiento rápido, levantó el balón y disparó de volea. El tiro cruzó el aire y entró justo en el ángulo.
Gol.
Sus amigos corrieron a abrazarlo mientras el rival se quedaba en silencio. Raiden, serio, se acercó y dijo:
—Tal vez… sí tienes lo necesario para ser el mejor.
Yuma apretó la carta dentro de su bolsillo. Ahora lo entendía: no importaba quién la hubiera perdido. Lo importante era lo que había despertado en él.
Ese día no solo ganó un partido.
Ese día nació su ambición.
Y con ella… comenzó la verdadera historia de Yuma Kurogane, el delantero que algún día desafiaría al mundo.
FIN
Autor: Irving Alfonso Alvarado Fraire
Título: Gol al destino
Proyecto de la materia de Lengua y Comunicación II
Año: 2026



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