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"Hilos de sangre", cuento de Alejandra Nantos Sánchez 



La lluvia caía sobre Berlín como si la ciudad intentara limpiarse de algo que nunca terminaba de desaparecer.

Adrian Krüger observaba el despacho vacío. Sin cuerpos. Sin rastros evidentes. Solo orden perfecto.

Demasiado perfecto.

Sobre el escritorio encontró un encendedor antiguo con un grabado: dos lobos enfrentados.

Sintió un golpe extraño en el pecho.

No era una pista cualquiera. Era una llamada.

Esa misma noche, en lo alto de un edificio iluminado por relámpagos, Dereck Krüger observaba la ciudad.

—El investigador está cerca —informó un subordinado.

Dereck guardó silencio.

—Déjenlo avanzar.

No era un error. Era una decisión.

Porque el conflicto no era solo profesional.Era de sangre.

Días después, Adrián recibió un mensaje anónimo con una ubicación y una frase:

«Si quieres respuestas, ven solo».

Dudó.

Ir significaba arriesgar su carrera. No ir significaba renunciar a la verdad.

Eligió avanzar.

El estacionamiento subterráneo estaba casi vacío. Las luces parpadeaban.

Y entonces lo vio.

Era como mirarse en un espejo deformado por la sombra.

—Llegaste —dijo Derek.

Adrián sintió que el aire desaparecía.

—¿Quién eres?

—Tu origen.

El silencio fue más pesado que cualquier arma.

Dereck habló primero.

Le contó sobre su padre. Sobre el poder. Sobre las pruebas diseñadas para convertir a un niño en líder.

Y luego dijo algo que quebró el equilibrio:

—Tú no fuiste descartado. Fuiste protegido.

Adrián retrocedió un paso.

—¿Protegido… de qué?

—De convertirte en mí.

Las sirenas comenzaron a escucharse a lo lejos.

—Tienes una elección —dijo Dereck—: arrestarme… o escuchar lo que todavía no sabes.

Adrián levantó el arma.

Sus manos temblaban.

Era su deber.

Pero frente a él no había solo un criminal. Había su reflejo. Su sangre. Su otra posibilidad.

Las sirenas estaban a segundos.

El mundo exigía una decisión.

Las luces se apagaron.

Oscuridad total.

Un disparo lejano. Un grito. Un eco metálico.

Cuando la luz volvió…

Solo uno de los dos seguía ahí.

Adrián permanecía inmóvil.

Pero el arma ya no estaba en su mano.

Y las sirenas seguían acercándose.

En el suelo, junto al encendedor, había una carpeta que antes no estaba.

Dentro: documentos. Nombres. Una red aún más grande que la que Adrián había imaginado.

En la última hoja, una frase escrita a mano:

«El verdadero enemigo no soy yo».

Adrián cerró los ojos.

Ahora no sabía si debía perseguir a su hermano…o al sistema que lo creó.

La lluvia seguía cayendo.

Y la historia apenas comenzaba.

FIN


  • Autor: Alejandra Nantos Sánchez

  • Título: Hilos de sangre

  • Proyecto de la materia de Lengua y Comunicación II

  • Año:2026


 
 
 

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