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"La estrella que llegó tarde", cuento de Keila Noemí Alor García 


En el Nido Celeste, donde nacen todas las estrellas, todo funcionaba con una regla muy clara: cada estrella debía encender un segundo del tiempo universal. Sin excepción. Sin retrasos. Sin errores.

Pero ese día algo salió diferente.

Nix Aster Lumina nació pequeña. Muy pequeña. No brillaba como las demás. Mientras las otras estrellas recién nacidas iluminaban el cielo con destellos fuertes y seguros, Nix apenas emitía un poco de calor, como una luciérnaga tímida perdida en la oscuridad.

—No puede ser… —susurraron algunas estrellas mayores—. No brilla.

Nix escuchó esos comentarios. Aunque era nueva, entendía lo suficiente como para saber que algo no estaba bien. Su turno llegó. Ella debía encender su segundo.

Pero cuando intentó brillar… no pasó nada.

El segundo quedó oscuro.

Y en algún lugar del universo, el tiempo se retrasó un instante.

Fue entonces cuando apareció Cron Voraz.

Salió de la grieta entre los minutos, formado por engranajes flotantes y con una cabeza de reloj sin manecillas. Su sombra se movía hacia atrás, como si no obedeciera las mismas reglas que los demás.

—Si un segundo falla, todo debe reiniciarse —dijo con voz fría.

Nix sintió miedo. Había escuchado historias sobre él. Era quien eliminaba los errores del tiempo. Y ahora ella era un error.

—Yo… yo lo intento —respondió Nix, pero su voz temblaba.

Cron la observó sin emoción.

—No brillas. No cumples tu función.

Y eso fue lo que más le dolió. No el miedo. No la amenaza. Sino sentir que no servía.

Antes de que Cron pudiera acercarse más, una luz azul cruzó el cielo a toda velocidad.

—¡Hey! ¡No tan rápido, reloj viejo! —gritó Tilo Cola Azul, el cometa que nunca se quedaba quieto.

Tilo giró alrededor de Nix, dejando una estela brillante llena de pequeños objetos: recuerdos perdidos, risas olvidadas, promesas rotas.

—Ella no es un error —dijo Tilo—. Solo es diferente.

Cron no entendía eso. Para él solo existía lo exacto y lo correcto.

Nix, sintiéndose culpable, huyó. Subió más alto, dejando un rastro de polvo hacia arriba. No sabía a dónde iba, solo quería entender por qué era así.

Mientras viajaba, algo extraño ocurrió. Una estrella antigua, ya apagada, quedó cerca de ella. Nix no brillaba, pero su calor tocó los restos de esa estrella vieja.

Y entonces pasó algo increíble.

Imágenes comenzaron a aparecer en el vacío. Momentos del pasado. La primera risa del universo. El primer amanecer en un planeta lejano. Recuerdos que ya nadie podía ver… regresaron.

Nix no daba luz.

Pero despertaba recuerdos.

—¿Qué es esto? —preguntó Cron, que la había seguido.

Por primera vez, algo cambió en él. Cuando el calor de Nix tocó uno de sus engranajes, una imagen cruzó su mente. Recordó el primer error del tiempo. Recordó que no siempre había sido tan rígido. Recordó que antes de volverse guardián… también fue creación.

Sintió algo extraño.

Curiosidad.

—Tu segundo no ilumina el presente —dijo lentamente—. Ilumina el pasado.

Nix dejó de huir.

—Tal vez no brillo… pero tampoco me voy a apagar —dijo con más firmeza.

Cron guardó silencio. Sus péndulos dejaron de moverse tan rápido.

El universo no necesitaba que todos los segundos fueran iguales. Algunos segundos servían para avanzar. Y otros… para recordar.

Desde entonces, cuando llega el segundo de Nix, el universo no se ilumina. Se siente cálido. Y por un instante, todo recuerda de dónde viene.

Tilo, por primera vez en sus 300 vueltas solares, decidió quedarse cerca de ella. Porque entendió que viajar es fácil, pero quedarse por alguien especial es lo que realmente importa.

Y Cron Voraz ya no reinicia el tiempo cuando algo es diferente.

Ahora espera.

Porque aprendió que no todo error debe borrarse.

Algunos errores… son el inicio de algo nuevo.

FIN


  • Autor: Keila Noemí Alor García

  • Título: La estrella que llegó tarde

  • Proyecto de la materia de Lengua y Comunicación II

  • Año:2026


 
 
 

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