“La misión de no dejarla ir”, cuento de Ruby Mata De La Cruz
- Irlanda Tena Lúa
- 1 mar
- 2 Min. de lectura

En tercer semestre yo solo era el chico callado del último asiento. No levantaba la mano, no discutía, no defendía nada.
Hasta que ella llegó.
La maestra la presentó y luego me miró.
—Siéntate junto a él —dijo, señalándome—. Y ayúdala con lo que necesite.
Ahí empezó todo. La maestra, sin saberlo, me dio una misión.
Valeria se sentó a mi lado. Sus manos temblaban mientras acomodaba sus cuadernos. En el recreo, dos compañeros comenzaron a burlarse de su acento y de su forma de vestir. Yo bajé la mirada… pero, cuando uno de ellos le arrebató su libreta y la lanzó al suelo, algo en mí cambió.
Me levanté.
—Déjenla en paz.
Me empujaron, pero no retrocedí. Por primera vez no fui el chico que se quedaba callado. Ella recogió su cuaderno con los ojos brillosos, pero esta vez no estaba sola.
Desde ese día caminábamos juntos.
Un compañero llamado Diego siempre estaba cerca. Decía que quería ayudarnos, que hablaría con los demás para que la aceptaran. Sonreía demasiado. Pero después escuché cómo les contaba a otros que Valeria se iría pronto, que no valía la pena acercarse a ella. Fingía ser bueno, pero sembraba dudas.
La verdadera amenaza llegó una tarde.
—Mis papás ya decidieron —me dijo detrás de la biblioteca—. Nos vamos a otra ciudad el próximo mes.
Sentí que me arrancaban algo del pecho.
Ese mismo día, la maestra me llamó al escritorio.
—Si quieres ayudarla, hazlo bien —me dijo—. Habla con la dirección. Hay una beca para que pueda quedarse si demuestra buen promedio.
Ella fue quien me impulsó a actuar.
Yo dudé. Siempre dudaba. Pero esta vez no.
Busqué a mi mejor amigo. Él me acompañó a juntar firmas del grupo para pedir que le dieran la oportunidad de quedarse. Me ayudó a hablar con el director cuando mi voz quería apagarse.
—No te rajes ahora —me susurró antes de tocar la puerta.
Cuando salimos, todavía faltaba algo. Necesitábamos demostrar que ella merecía la beca.
Entonces apareció la persona menos esperada: la señora de la biblioteca. Me entregó un fólder.
—Valeria pasa horas aquí estudiando. Guardé sus trabajos y reconocimientos. Tal vez te sirvan.
Me estaba dando lo necesario para luchar por ella.
Con todo eso, pedimos la revisión de su caso. Diego intentó convencerla de que ya no hiciera nada.
—Es mejor que te vayas —le dijo—. Aquí nadie te quiere de verdad.
Pero esta vez ella no le creyó.
El día de la respuesta, el director nos llamó.
—La beca es suya. Puede quedarse.
Valeria se llevó las manos a la cara y empezó a llorar. Yo solo pude abrazarla.
Había empezado como el chico que se escondía al fondo del salón. Terminé enfrentando burlas, tocando puertas y levantando la voz.
No la salvé con fuerza. La salvé no quedándome callado.
Y cuando salimos de la oficina, ella sonrió.
—Gracias por no rendirte.
Esa fue la primera vez que entendí que un héroe no nace valiente. Se vuelve valiente cuando decide actuar.
FIN
Autor: Ruby Mata De La Cruz
Título: La misión de no dejarla ir
Proyecto de la materia de Lengua y Comunicación II
Año:2026



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