"La torre del caos", cuento de Priscila Gamboa Montoya
- Irlanda Tena Lúa
- 1 mar
- 3 Min. de lectura

En medio del bosque, donde casi nadie se atrevía a entrar, había una torre inclinada que parecía estar a punto de caer. Allí vivía Lucía.
No recordaba cómo había llegado. Desde pequeña, el hombre que la cuidaba —al que llamaba Julián— le decía que el mundo era peligroso y que ella tenía algo especial que debía mantenerse oculto.
Lucía no tenía un poder como lanzar fuego ni volar. Lo suyo era más extraño: cuando cantaba, el aire vibraba y pequeñas luces aparecían alrededor, como luciérnagas hechas de cristal. Julián decía que esa habilidad podía traer problemas.
Cada año, desde la ventana más alta, Lucía veía algo que la llenaba de preguntas: cientos de luces flotando en el cielo, elevándose desde el pueblo cercano.
—Es una tradición sin sentido —decía Julián con tono seco—. No tiene nada que ver contigo.
Pero algo dentro de ella le decía que sí.
Un día, mientras Julián estaba fuera buscando provisiones, un joven llamado Mateo llegó al bosque huyendo de unos guardias. No era ladrón famoso ni héroe valiente, solo alguien que se metía en problemas por curiosidad.
Al ver la torre decidió subir, más por desafío que por necesidad.
Cuando entró y vio a Lucía, ambos se quedaron en silencio. Para ella era la primera vez viendo a alguien de su edad. Para él, era imposible no notar que algo en esa torre era diferente.
Mateo le habló del pueblo, de la celebración de las luces, de cómo cada año se recordaba el incendio que había destruido parte del lugar hace diecisiete años. Nadie sabía exactamente cómo empezó el fuego, solo que aquella noche el cielo se llenó de luces extrañas.
Lucía sintió un escalofrío.
Ella tenía diecisiete años.
Cuando Julián regresó y encontró a Mateo, su reacción fue inmediata. Le ordenó irse y le dijo a Lucía que jamás debía confiar en extraños.
Esa noche discutieron por primera vez. Lucía quería respuestas. Julián solo quería silencio.
Al día siguiente, Lucía decidió salir de la torre.
El bosque no la atacó. No había monstruos esperándola. Solo árboles, viento y el sonido lejano del lago.
Mateo la guio hasta el pueblo justo el día de la ceremonia. La plaza estaba llena de personas sosteniendo pequeñas lámparas de papel.
En el centro había un mural antiguo, medio quemado por el tiempo. Mostraba a una mujer cantando mientras luces salían de sus manos y subían al cielo. Abajo, una frase:
"La luz puede salvar, pero también puede destruir."
Lucía entendió todo de golpe.
El incendio de hace diecisiete años no había sido un ataque. Había sido un accidente provocado por alguien que no sabía controlar su don.
Julián apareció entre la multitud. Confesó que él había sido guardia del pueblo aquella noche. Había visto cómo una joven con el mismo poder que Lucía perdió el control. Para evitar que volviera a pasar, decidió llevarse a la bebé que sobrevivió… ella.
No por maldad. Por miedo.
Pero el miedo también puede encerrar.
La ceremonia comenzó. Las luces empezaron a elevarse. Lucía sintió que su voz quería salir. Dudó.
Si cantaba, podía pasar lo mismo que años atrás.
Pero si no lo hacía, seguiría viviendo escondida.
Respiró profundo y comenzó a cantar, suave al principio. Las luces del pueblo empezaron a brillar más fuerte, pero esta vez no eran inestables ni violentas. Se movían con calma, como si respondieran a algo más firme.
No hubo fuego. No hubo destrucción.
Solo un cielo lleno de luz.
Julián entendió que proteger no siempre significa encerrar.
Y Lucía comprendió que su poder no era una maldición, sino algo que debía aprender a manejar.
Cuando el último farol desapareció entre las estrellas, Lucía no regresó a la torre.
La torre quedó vacía.
Pero el cielo, por primera vez, se sintió completo.
FIN
Autor: Priscila Gamboa Montoya
Título: La torre del caos
Proyecto de la materia de Lengua y Comunicación II
Año: 2026



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