top of page

"La última Pillis", cuento de Martha Brisa Gámez Palacio



Todo comenzó con un gen extremadamente inusual en una familia millonaria en Corea del Sur. Cualquiera diría que esto era mentira, pero ese gen se pasaba de generación en generación solamente en las mujeres de esa familia.

La señora Pill tuvo una hija llamada Nessi, la cual hizo la fortuna más grande del mundo vendiendo ramen en un puesto local.

Justo en ese puesto conoció a Shio y se casaron.

Tuvieron 2 gemelos: Yurina y Yuko, de los cuales, por herencia, Yurina había obtenido el poder de su linaje: la superfuerza, pero en ella no era como en las demás; en ella era diferente.

Shio era un aficionado a la fotografía, pero Nessi era una gran mujer de negocios, ambos dignos de admirar.

En un viaje a tomar fotografías, Shio se llevó a Yurina a observar las auroras boreales en Noruega. Ella tenía 5 años y era una niña muy curiosa; le gustaba saltar y correr de un lado a otro, porque además de ser superfuerte y poder levantar 1 coche con una mano, tenía supervisión, supervelocidad y supersalto.

En el máximo punto de resplandor de las auroras, Shio le dijo a Yurina:

—Espera, le tomaré una foto al cielo para enseñársela a mamá.

Yurina asintió con la cabeza, pero al otro lado del campo vio un venado bebé y aprovechó que su papá estaba ocupado para correr tras él.

Cuando Shio volteó a su derecha para volver a tomar la mano de ella, entró en pánico, pues Yurina ya no estaba, y así fue como en 17 años los padres biológicos de Yurina pagaron fortunas y fortunas para poder encontrarla.

Por otro lado, en Noruega, al día siguiente de que ocurrió la tragedia, una familia campestre escuchó a lo lejos el llanto de una niña desesperada gritando: ¡Appa! ¡Appa! (Papá en coreano).

Así que siguieron el llanto y dieron con Yurina, la cual aún batallaba para expresarse y no pudo decir bien su nombre, por lo cual la acogieron y decidieron llamarla Nora.

Yurina creció con ese nombre, esas costumbres y ese idioma, y se le fue olvidando su lugar de procedencia y los recuerdos que tenía con su familia.

Pero pasaron 13 años. Yurina (Nora) empezaba a tener flashbacks de momentos en Corea y empezó a recordar algunas palabras de ese idioma, incluso su propio nombre, por lo cual se empezó a interesar por esa cultura. Empezó a escuchar música de ahí y a estudiar coreano, ya que su mayor sueño era casarse con un coreano y encontrar a su verdadera familia, pues su familia en Noruega nunca le ocultó su verdad.

Al cumplir los 22 años, ella ahorró trabajando duro en Noruega para poder comprarse un boleto de avión hacia Corea.

Pero las cosas allá estaban más que fuertes.

Una nueva droga se empezaba a distribuir por toda Corea del Sur. No se sabía quién la vendía, quién la creaba o incluso cómo detectarla. Entonces debían tomar muchas medidas de seguridad, incluyendo revisar a fondo el equipaje de los pasajeros que abordaban los aviones.

Yurina se bajó del avión y pasó al chequeo de pertenencias.

El oficial que la revisó era un chico muy apuesto, su tipo ideal, igual a los actores que veía en la televisión; cuando lo vio por primera vez quedó flechada.

Él la empezó a revisar cuando en la maleta se encontró con un troll de oro (mismo que le compró el papá biológico de Yurina antes de perderla y que había conservado en todo este tiempo). Él vio el troll, la vio a los ojos y le dijo:

—¿Y esto? Es oro puro, ¿por qué lo tienes?

—Eso no lo toques —dijo Yurina un poco exaltada.

—Lo siento, pero lo tengo que llevar a chequeo, señorita.

—Es que... es para encontrar a mi mamá y a mi papá coreanos —dijo con un nudo en la garganta.

El policía le dijo:

—¿Estás perdida? ¿Cómo que encontrar a tus padres?

—Vengo de Noruega y quiero encontrar a mi mamá.

—De acuerdo, si necesitas algo, aquí estoy para ti.

Dijo mientras le escribía su número de teléfono en una nota.

—Llámame si necesitas algo, pero esto se va conmigo.

Dijo mientras guardaba el troll pesado y brillante en una bolsa.

—Debo checar que no contenga nada ilícito.

Yurina asintió con la cabeza y se fue muy feliz porque este policía le había flechado el corazón.


Con sus ahorros se pudo pagar una habitación de hotel y pudo comprar algunos víveres, incluso un teléfono celular para realizar llamadas.

Al día siguiente, vio un alboroto local: una bola de vagabundos peleaban contra vecinos de la zona, debido a que querían desalojarlos de los parques y que no estorbaran en las banquetas, pero estaban usando la violencia contra ellos, lo cual molestó muchísimo a Yurina. Grave error, pues con una sola mano mandó a volar a varios, quebrándoles algunos huesos; nada grave, pero sí necesitaba reparar el daño y pagar una multa.

Cuando el oficial guapo se enteró de la situación, bajó a decirles a los encargados que solo le pusieran la multa; él se encargaba de lo demás.

—¿Por qué me ayudas tanto? Ni siquiera sé tu nombre —dijo Yurina, un poco tímida y confusa.

—Me llamo Taeyu, pero tú dime Tae, ¿y sabes? Si yo no supiera dónde está mi mamá, también me gustaría que alguien me ayudara.

—Mucho gusto, Tae. Yo me llamo Yurina, y la verdad no sé qué voy a hacer con la multa, es mucho dinero y ya no me queda absolutamente nada.

—No te preocupes, cuando sepa de algún trabajo para ti, te lo haré saber.

—¡Mil gracias, Tae, me salvaste! Bueno, te dejo, me tengo que ir.

De camino al departamento que estaba rentando, vio que un supermercado se estaba incendiando y madres gritaban: ¡Auxilio! ¡Mis hijos están dentro!

A lo que Yurina arriesgó su vida para poder salvarlos y se metió al supermercado en llamas.

Nessi también se percató del incidente y rápidamente movió los coches para no generar tráfico y que las ambulancias y los bomberos pudieran pasar. Cuando de repente sintió un presentimiento y fue corriendo hacia el supermercado.

Fue ahí cuando la vio: vio a una chica entrando y saliendo rápidamente, muy veloz para ser verdad, llevando y trayendo personas en sus brazos, pero ella ya estaba agotada, casi sin fuerzas.

Nessi quedó en shock, no podía creer lo que estaba viendo; era su Yurina, pero ahora siendo adulta.

Cuando Yurina estaba saliendo del supermercado, se desmayó y Nessi la cargó y la llevó a un hospital.

Al abrir los ojos, Yurina vio a una mujer preciosa, muy parecida a ella, y no dudó en decirle: mamá. Un momento muy emotivo.

Así pasaron los días y ella fue conociendo a los demás miembros de su familia, y fue coincidiendo más con Taeyu.

Hasta que un día Taeyu le dijo:

—Necesito que me ayudes con una tarea especial.

—¿Cuál? —respondió Yurina.

—Estamos sospechando que la droga se está distribuyendo a través de una empresa comerciante de productos en línea, llamada Coral.

—¿Y qué necesitas que yo haga?

—Quiero que te hagas pasar por una empleada y que estés en la bodega de productos, para que me traigas muestras de cosas que veas sospechosas y poder examinarlas, ¿te animas?

—¡Claro que sí!

—Igual te juro que no te va a pasar nada malo, nunca me lo perdonaría.

Ambos se miraban fijamente; estaban enamorados, pero ninguno lo sabía.

La contrataron fácilmente, se registró con sus datos de Noruega, así que todos la conocían como Nora, debido a que nadie debía saber su identidad.

El primer día de trabajo en la noche, se llevó todos los objetos blancos que encontraba: mascarillas, maquillaje, todo, para que los narcóticos pudieran examinarlos, y recolectó una pila de al menos 4 metros de productos apilados, algo lo suficientemente pesado incluso para el hombre más musculoso de ese trabajo.


Lo que ella no sabía es que todo el tiempo la estaban grabando las cámaras de seguridad.

Al día siguiente, el CEO de la empresa, llamado Mino, la mandó a llamar; algo en su fuerza lo había atrapado.

Todos murmuraban sobre el motivo por el que se le había mandado a hablar:

—Seguro hizo algo muy malo.

—Qué miedo, el CEO nunca manda a hablar a casi nadie de este puesto.

Pero Yurina no tenía miedo, pues su superfuerza era casi imposible de derrotar, o al menos eso creía ella.

Al entrar en su oficina, se sorprendió al ver que el temido CEO era un hombre joven y bastante atractivo.

—Pasa, Nora, ¿verdad? —dijo Mino con un tono serio y neutro.

—¡Sí, soy yo! Mucho gusto, que estés bien.

—Veo que tienes un acento diferente y me hablas de tú, y apenas me conoces.

—Una disculpa, es que aprendí coreano en Noruega y el coreano que aprendí es un poco malo.

—No te preocupes, no pasa nada. ¿Sabes? Vi las cámaras de la bodega.

—Sobre eso, perdón, es que en Noruega el blanco se considera algo muy preciado y hermoso de regalar, pero me lo descuentas de mi sueldo, si eso te parece bien.

—Por eso no te preocupes —dijo con una sonrisa; al parecer, alguien se había flechado—. ¿No crees que eso estaba muy pesado? ¿Cómo pudiste con tanto?

—En Noruega mi familia comía mucha carne y me alimentaron muy bien, luego te paso mi receta para tener esta fuerza —dijo Yurina intentando parecer ingenua.

—¿Sabes? Si pasas algunas pruebas, probablemente te suba de puesto.

—¿Cuáles pruebas? —dijo Yurina con desconfianza.

—Sígueme.

La subió a su carro y la llevó a un lugar en donde le dejaba caer placas enormes de metal, algo muy psicópata de su parte.

Pruebas que Yurina superó sin tanto esfuerzo. Mino tenía un brillo en los ojos; encontró a su mejor aliada.

Mino era el narcotraficante más grande de Corea, pero nadie sabía de eso. Él estaba manejado por una mafia rusa llamada Bratva, la cual lo raptó cuando a él lo dejaron abandonado cerca de un contenedor de basura.

Ahí lo torturaban y le enseñaban a hacer las cosas más horribles, incluso matar a sus propios compañeros para ganarse el pan de cada día.

Él fue estudiando con un perfil bajo para así poder generar ganancias y crear su propia empresa. Él tenía todo fríamente calculado; ya tenía en mente lo que quería hacer.

Cuando tuvo el dinero suficiente, logró inaugurar su empresa de productos en línea “Coral”, en donde empezaba a distribuir droga a grandes multimillonarios.

Pero no le estaba funcionando, ya que eran fáciles de detectar, así que contrató a un científico que trabajaba de manera clandestina para hacer diferentes pruebas y crear una droga letal, 100 veces más fuerte que el fentanilo, que no era detectable en ensayos médicos.

La droga perfecta para el maniático de Mino se podía convertir en bolsas, mascarillas, relleno de chamarras, y esta se deshacía en contacto con el agua, dejando así la droga totalmente expuesta.

Pero Mino la usaba de otra forma: él se inyectaba esta droga, la cual generaba una sed terrible. Cada persona que la consumía moría en algún lugar cerca de agua: inodoros, regaderas, albercas, cualquier lugar cerca de agua.

Pero Mino se drogaba una y otra vez y no le pasaba nada; solo tenía una fuerza sobrehumana por la droga, no tomaba agua y usaba un antídoto que solo él y el científico sabían de su fórmula.

Por eso se maravilló al ver la superfuerza de Nora.

Al ver que sobrevivió a todas las pruebas, la subió de puesto y la puso en un lugar en la empresa donde estuviera cerca de él.

Yurina esperó a que todos se fueran, incluso Mino, y cuando todo estaba completamente solo, se infiltró en su oficina para ver si ahí no encontraba nada.

Revisó cajones, carpetas, todo lo que pudiera, y ahí vio una carpeta llamada:

“Pillis Gen”.

—¿Pillis Gen? ¿El apellido de mi familia?

Continuó leyendo el archivo, y resulta que en este se estudiaba el gen de la familia Pill. La señora Nessi, 20 años atrás, había contratado al científico clandestino llamado Cher. Cher había hecho pruebas para poder replicar el gen, claro, con órdenes de Nessi, para que este gen nunca se acabara, pero las cosas no salieron como esperaba.


No pudieron clonar el gen; sin embargo, crearon sin querer otra sustancia similar, casi igual, pero muy letal para quienes no estaban preparadas para esto, así que el proyecto Pillis Gen fue cancelado.

Pero Mino, detrás de años de investigaciones sobre drogas, se encontró con el científico Cher, le pagó una fortuna para trabajar con él y utilizar ese antiguo proyecto para así poder crear la droga “KgPh001”, la nueva droga indetectable más letal del mundo.

Yurina quedó sin palabras, en un completo shock; dejó caer la carpeta al suelo y se quedó así por al menos 2 minutos. Cuando volvió en sí y se dio cuenta de que algunos pasos se aproximaban hacia la oficina, se escondió bajo el escritorio, en un total silencio donde solo escuchaba su corazón latir violentamente.

Era Mino, había dejado su celular en el sillón; por suerte solo lo recogió y se fue.

Yurina hizo una reunión con su madre Nessi y Tae, quería explicaciones.

Nessi quedó en total shock y empezó a soltar un llanto.

—¡Perdónenme todos! ¡Es mi culpa! ¡Mi avaricia está destruyendo Corea! ¡Solo por querer duplicar otra Yurina! —decía mientras lágrimas recorrían sus ojos.

—¿Otra yo? —dijo Yurina.

—Sí… quedé devastada cuando tu padre te perdió en Noruega y… y… so… solo quería volver a tenerte en mis brazos.

Yurina no sabía ni siquiera qué decir, no le salían las palabras.

Pero Tae dijo:

—Esto se está saliendo de control; incluso ya hay más de 15 muertos por día a causa de esta droga, que ni sabemos cómo se llama.

—¡Yo sé el nombre! Lo vi en la carpeta —dijo Yurina.

—¿Cuál es el nombre? —dijo Tae.

—KgPh001, así estaba en la carpeta del proyecto Pillis Gen.

Fue así como en cuestión de horas lo publicaron en las noticias, en redes sociales, periódicos, en todos lados.

Mino no sabía ni siquiera quién lo había hecho, pero revisó las cámaras de su oficina y vio a Nora (Yurina).

—Fui un imbécil en haber confiado en ella, ¿cómo pude pensar que podría ser mi aliada para poder separarme de Bratva? —dijo con una furia inmensa mientras se inyectaba la droga KgPh001 de manera intravenosa.

Se inyectó la droga y localizó a Yurina, pues era un psicópata, y en aquella prueba, sin que Yurina se diera cuenta, le colocó un rastreador en el bolsillo de su bolsa. Nada iba a arruinar sus planes, no dejaría que alguien tan especial y fuerte como Nora se le escapara.

Cuando vio la localización de Nora no lo podía creer, pero estaba fascinado.

—¡Es Yurina! ¡YURINA PILLIS! De mí no te vas a escapar esta vez, esta vez te juro que no.

Estaba dispuesto a raptarla, no quería hacerle daño, pues arruinaría sus planes, pero la vio ahí, abrazando a uno de sus peores enemigos, Tae Yu.

—¿Qué haces aquí tú? ¿No te dije que no te quería volver a ver?

—Con que tú eres el de la droga, yo sabía que de ti nada se podía esperar.

—¿Cómo? ¿Se conocen? —dijo Yurina aterrada de miedo y confusa a la vez.

—Este fue una de las primeras personas que atrapé y llevé a la cárcel, pero no sabía que llegaría a tanto —dijo Tae.

—¡Esta vez no, esta vez me toca ganar a mí! —dijo Mino mientras ya tenía una pistola apuntándole por detrás a Yurina.

Quería vengarse ahora de los dos.

Cuando disparó, Tae se puso frente a ella, recibiendo el impacto en el corazón.

—¡TAEYU! —gritó Yurina con un grito desgarrador.

Estaba tirado a sus pies, viéndola con ojos de amor como siempre, pero esta vez era la última vez. Yurina solo lo acariciaba desesperada y le decía que aguantara, que todo estaría bien, mientras maldecía a Mino y le decía que ahora la que se iba a vengar con sus propias manos sería ella.

Mino soltó una carcajada y dijo:

—Ahora es tu turno, Nora… ¿o debería decirte Yurina?

Cuando de repente por detrás apareció su mejor amigo, el único que nunca lo lastimó en la organización Bratva, el único que siempre estuvo ahí con él.

—¿Qué haces, Mino? ¡Dijiste que no lo volverías a hacer! ¡Tú lo prometiste!

Mino soltó el arma y, cuando la soltó, un disparo de un oficial atravesó su cabeza. Fue demasiado tarde para poder arrepentirse. Ya se había llevado la vida de alguien inocente.

Corea quedó libre de esa droga, de la droga más letal, de “KgPh001”, pero se llevó la vida de una persona que no merecía morir.

Yurina quedó devastada.

—¿Por qué? ¿Por qué, Tae? ¿Por qué? —decía mientras ya había pasado un año de lo sucedido.

—No sé, hija, las cosas así tenían que ser, supongo. Estoy seguro de que a Tae le gustaría verte feliz —dijo Shio, consolando a su hija.

—No, papá, no. No voy a seguir con esto. Si las personas mueren siendo inocentes, yo quiero romper ese patrón.

—¡Hija, qué dices! ¿Qué piensas hacer?

—Yo seré la última Pillis, pero la última Pillis que intenta salvar al mundo; ahora la que lo va a intentar arruinar seré yo.

FIN


  • Autor: Martha Brisa Gámez Palacio

  • Título: La última Pillis

  • Proyecto de la materia de Lengua y Comunicación II

  • Año:2026



 
 
 

Comentarios


bottom of page