"Los que se quedan donde mueren", cuento de Kiara Estefania García Herrera
- Irlanda Tena Lúa
- 1 mar
- 3 Min. de lectura

No todos los fantasmas aparecen para asustarte. Algunos solo esperan.
Me llamo Lucía y hace un mes me mudé con mi mamá a un departamento antiguo en el centro de la ciudad. Es de esos edificios viejos con pasillos largos, pisos de mosaico frío y luces que tardan en encender. Desde el primer día sentí algo raro. No era miedo exactamente, era la sensación de que alguien más estaba ahí.
La primera noche escuché pasos. No en el pasillo del edificio, sino dentro del departamento. Pasos suaves, arrastrados. Pensé que era mi mamá, pero cuando fui a su cuarto estaba profundamente dormida. Volví al mío y los pasos se detuvieron justo detrás de mi puerta. No tocaron. No intentaron entrar. Solo se quedaron ahí, esperando.
Al día siguiente revisé el departamento con atención. Noté manchas alargadas en la pared del pasillo, casi invisibles, como si algo húmedo hubiera escurrido hacia abajo hace mucho tiempo. No pregunté nada. No quería parecer paranoica.
El conflicto comenzó cuando vi al primero. Fue en el reflejo del microondas. Mientras calentaba comida, vi a alguien parado detrás de mí: un hombre delgado e inmóvil. Giré de inmediato, pero no había nadie. Sin embargo, al volver a mirar el reflejo, seguía ahí. No hacía nada, solo observaba.
Esa noche soñé que el departamento estaba lleno de personas. No se movían ni hablaban, solo ocupaban espacio: en la cocina, en la sala y sentados en el pasillo. Al despertar, el aire se sentía más pesado. Entonces escuché un susurro que venía de las paredes:
—No te vayas.
Con el paso de los días comencé a ver más figuras: una mujer sentada en la esquina del techo, un niño en el baño con la cabeza inclinada y una sombra cruzando el pasillo aunque todas las luces estuvieran encendidas. No desaparecían cuando las miraba. Eso era lo peor. No hacían nada. Solo estaban.
Una noche escuché golpes en el departamento de arriba, después gritos y un ruido seco. Luego, silencio absoluto. Mi mamá y yo subimos corriendo. La puerta estaba entreabierta. Había sangre en el suelo y un hombre tirado, inmóvil.
La policía dijo que fue un accidente. Que el hombre había resbalado. Que nadie más estaba involucrado. Hablaron con mi mamá unos minutos y luego se fueron. Todo volvió a quedarse en silencio, como si el edificio hubiera decidido guardar el secreto.
Esa noche casi no dormí. Cada sonido me hacía saltar: el crujido de la madera, el viento colándose por las ventanas, incluso el leve zumbido del refrigerador. Sentía que algo había cambiado, como si el aire mismo estuviera más denso.
A la mañana siguiente, mientras desayunábamos, quise preguntarle a mi mamá si ella también sentía algo extraño. Pero cuando la miré, parecía tranquila, como si nada hubiera pasado. Me dijo que no pensara demasiado en lo ocurrido, que esas cosas pasan en edificios viejos.
Pero yo sabía que no era solo eso.
Esa tarde, mientras hacía tarea en la mesa de la cocina, sentí que alguien estaba parado detrás de mí. No escuché pasos. No escuché respiración. Solo lo supe. El mismo frío recorrió mi espalda lentamente. No quería voltear.
Cuando reuní el valor y lo hice… ahí estaba.
El hombre.
Más cerca que antes.
Ya no se veía tan borroso como en el reflejo. Ahora podía distinguir su rostro pálido, sus ojos abiertos sin parpadear y la mancha oscura que atravesaba su camisa.
No parecía enojado.
No parecía triste.
Solo… vacío.
Retrocedí hasta chocar con la pared. Parpadeé varias veces esperando que desapareciera.
No lo hizo.
Y entonces escuché algo más.
No una voz.
Muchas.
Susurros superpuestos, como si varias personas hablaran al mismo tiempo desde distintos rincones del departamento. No entendía lo que decían, pero repetían una misma idea, una y otra vez:
Quédate.
Esa noche comprendí que el edificio no estaba embrujado.
Estaba lleno.
Lleno de personas que nunca se fueron.
Y yo ahora podía verlas.
El problema es que ahora ellos también pueden verme.
FIN
Autor: Kiara Estefania García Herrera
Título: Los que se quedan donde mueren
Proyecto de la materia de Lengua y Comunicación II
Año:2026



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