“No soy tu proyecto”, cuento de Ilse Abigail Pesina Ontiveros
- Irlanda Tena Lúa
- 1 mar
- 4 Min. de lectura

El verano en la universidad siempre tenía algo extraño. Los pasillos se quedaban casi vacíos por los fuertes grados de calor el aire caliente parecía colarse por las ventanas aunque el aire acondicionado estuviera encendido.
Liz odiaba el calor. Decía que el verano obligaba a las personas a mostrar lo que no querían enseñar
- el calor te desnuda, aunque estés vestida- le dijo una vez el profesor Damián Cruz.
Damián río.
-O tal vez solo derrite las máscaras- respondió él.
Liz pensó que era una frase inteligente, no sabía que algún día tendría otro significado.
Liz era una estudiante de sexto semestre en psicología. Tenía una libreta llena de anotaciones, sueños subrayados y metas escritas en tinta azul. Admiraba al profesor Damián desde el primer semestre.
Él la había elegido para participar en un proyecto de investigación.
-Tienes talento, Liz- le dijo la primera vez que revisó su ensayo- no lo desperdicies por miedo.
Ella guardó esa frase como si fuera un premio. Con el tiempo empezaron a hablar más. Al principio solo temas académicos, después libros, música y teorías sobre la mente humana.
-Eres diferente a los demás alumnos- le decía a Damián.
Liz solo sonreía.
Porque cuando alguien en quien confías te dice que eres especial el corazón no cuestiona, late.
Para la universidad Damián era perfecto, preparado y carismático.
El profesor que organizaba conferencias y se quedaba horas extras asesorando estudiantes.
-Ojalá todos los maestros fueran como él- le decía Matías, el mejor amigo de Liz.
Liz asentía.
Pero el verano cambia ritmos, las clases se redujeron a seminarios intensivos. Los grupos eran pequeños y las horas más largas.
Un día después de clase Damián cerró la puerta.
-Necesito hablar contigo sobre tu futuro académico.
Liz no sospechó nada.
-Claro, profe.
-Damián- corrigió él, sonriendo- no siempre tienes que decirme profesor.
Fue pequeño, casi invisible. Pero algo cambió.
Los mensajes comenzaron esa misma semana.
“Hoy te veías particularmente bonita”
“Ese vestido te queda increíble”
Liz le mostró el celular a Matías bajo la sombra de un árbol seco del campus.
-¿Estoy exagerando?
Matías frunció el ceño.
-No
Liz intentó justificarlo.
-Tal vez solo es amable.
-Liz, ningún profesor necesita decirte que tu vestido le gusta.
El sol caía directo sobre ellos. El aire parecía no moverse.
Esa noche Damián volvió a escribir.
“Sabes que nuestra conexión va más allá de lo académico”
Liz no respondió.
Al día siguiente en clase, el actuó normal.
-Liz, ¿quieres explicar la teoría del apego?- preguntó frente a todos. Su voz era firme y profesional.
Ella habló pero sentía que cada palabra tenía peso.
Cuando terminó, Damián sonrió.
-Siempre brillante.
El salón aplaudió y ella sentía vergüenza, no sabía porqué.
Una tarde Matías llegó con su laptop.
-Necesito mostrarte algo.
Abrió una carpeta. Capturas de pantalla, correos antiguos.
-Hace 2 años a una amiga le escribió lo mismo.
Liz sintió que el estómago se le vaciaba.
-¿Qué hiciste?
-Nada, ella tenía miedo.
Silencio.
-No quiero que tú te quedes callada- Dijo Matías.
Liz comenzó a guardar todo.
Mensajes, horarios y correos.
Una tarde enfrentó a Damián en su oficina, el ventilador giraba lento sobre ellos y el calor entraba por la ventana.
-Damián, tenemos que hablar.
Él sonrío.
-Siempre tenemos que hablar.
-No me escribas más cosas personales.
La sonrisa se quebró apenas.
-Estás malinterpretando.
-No.
Damián se inclinó hacia adelante.
-Liz yo te ayudé, yo impulsé tu carrera. No me hagas quedar como un monstruo por un malentendido.
Esa frase dolió.
Porque ahí estaba la manipulación, desnuda.
-No soy tu proyecto- respondió ella.
Salió con las manos temblando, Matías la abrazó afuera.
-No estás sola.
Otros compañeros empezaron a hablar. Historias pequeñas, comentarios incómodos y miradas repetidas. Ya no era una sensación, era un patrón.
La universidad lanza una convocatoria anónima contra el acoso docente, Liz miró el formulario por una hora.
El verano estaba por terminar, nubes negras comenzaban a acumularse en el cielo.
-Si denuncias esto, cambia todo- dijo Matías.
-Ya cambió- respondió Liz.
Envió la denuncia.
Su dedo tembló al presionar “enviar”.
El comité inició investigación.
Damián la buscó una última vez en el pasillo.
-¿Fuiste tú?
Liz sostuvo su mirada.
-Sí.
Él negó con la cabeza.
-Arruinarás mi carrera por un malentendido.
-No, tú la arruinaste cuando cruzaste el límite.
Una tormenta estalló esa misma tarde. Lluvia intensa golpeando ventanas.
Semanas después, la universidad anunció su destitución.
El último día de verano, Liz caminó por el campus mojado. El aire estaba más fresco.
Matías la alcanzó.
-¿Te arrepientes?
Liz pensó en el mentor que creía tener, en la amistad que imaginó y en la traición que descubrió.
-No- dijo al fin- extraño lo que creía que era, pero no lo que fué.
El sol salió entre las nubes, y por primera vez en meses, el sol no quemaba.
Quemaba menos.
FIN
Autor: Ilse Abigail Pesina Ontiveros
Título: No soy tu proyecto
Proyecto de la materia de Lengua y Comunicación II
Año:2026



Comentarios