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"Un invierno de lágrimas", cuento de Sofía Pedroza Ortíz



Un gran invierno se encontraba; un viento tan helado soplaba que mis manos se tornaban rojas. Yo estaba desvelada; tenía que acabar mis trabajos porque por la mañana tendría clases. Estudiaba enfermería y por la tarde tenía que irme a trabajar. El estrés y el cansancio me consumían.

—¿Por qué a mí? —me preguntaba una y otra vez en la cabeza.

Vivía sola, sin familia; mis padres estaban lejos porque solo discutían. La única persona que tenía en mi vida era Neythan… mi único apoyo. Pero no era suficiente. ¿No había más personas? No… No sé qué siento, si es ira o tristeza. ¡No sé! Ni siquiera sabía lo que sentía, pero lo que sí sé es que la culpa me consumía; un gran tormento habitaba en mi cabeza.

(Flashback).

Hace meses me tocó cuidar a una paciente que había tenido un accidente automovilístico… pero murió… y yo sin hacer nada para salvarla. Ese momento se quedó grabado en mi memoria. Mi miedo de que me volviera a pasar era tan grande que lo soñaba una y otra vez… Sin darme cuenta ya había amanecido. Me cegué en mis propios pensamientos y no supe la hora. Me metí a bañar con agua fría; mi cuerpo temblaba y mi piel se tornaba roja por el agua helada que recorría mi piel, pues en pleno invierno estábamos. Yo solo quería desaparecer.

Cuando iba a la universidad siempre estaba sola. Todos me decían: “Eres como un robot”. Nadie quería hablarme; mi condición los alejaba. Yo confundía mis sentimientos y emociones, pero… ¿era tan malo? ¿Era lo suficientemente malo para que la gente se alejara de mí?

Cuando salí de la universidad fui a mi casa a cambiarme lo más rápido que podía. ¡Se me hacía tarde para ir a trabajar! Salí de mi casa mientras llovía. Cuando llegué al trabajo, ahí lo vi… Neythan, la única persona que me entendía.

—Hola, May —escuché esa voz que transmitía paz, que me hacía sonreír, aunque no sabía exactamente qué me hacía sentir.

Cuando iba a contestar, una chica joven de cabello café claro habló.

—Perdón por interrumpir —exclamó la joven—. Me llamo Neli, un gusto. ¿Tú eres la mesera, Maylin? Es que el jefe me dijo que tú me podrías guiar para saber meserear.

Su voz era dulce, igual que su mirada. La escuché atentamente. Neythan se tuvo que ir para atender a unos clientes.

—Sí, soy yo —dije con voz indiferente.

Pasé todo el día corrigiéndola y enseñándole, y así día tras día durante semanas, hasta que pasó el mes. Ella se volvió muy unida a Neythan y a mí. Se unió tanto que me reveló su pasado: cómo su mamá falleció en un accidente automovilístico y cómo no la pudieron salvar; eso la llenaba de ira. Yo le revelé que estudiaba enfermería; también le conté sobre mi tormento, pues le tuve mucha confianza. La muerte de su madre concordaba con la paciente que falleció a mi cuidado, pero supuse que era pura coincidencia. Terrible error.

Cuando se lo conté… noté un cambio. Tal vez estaba molesta… no sé qué tenía, pero la notaba rara. Incluso Neythan me lo confirmó, pero no le tomé importancia.

Meses después, Neli me convenció de vivir juntas en mi departamento para apoyarnos mutuamente… pero, con el paso de los días, todo se sentía más frío; incluso nevaba. Los días se sentían más extraños: mis tareas se perdían, las cosas que necesitaba para la universidad no las encontraba. Mis calificaciones bajaron tanto que casi pierdo materias. ¡Pero al parecer yo era ciega!

La persona que me hacía todo eso no era más ni menos que Neli. Pero… ¿por qué? ¿Cómo? Ella me ayudaba a buscar mis cosas… Entonces, ella era la única que vivía conmigo, sin nadie más, sin familia. Confié ciegamente en ella, pues jamás pensé que detrás de esa alegría y amabilidad se encontraba alguien llena de rencor y odio.

Me estaba arruinando la vida; hasta ya quería dejar de estudiar, pero Neythan me apoyó para seguir adelante.

Un día Neli se enfermó gravemente. Falté a clases y al trabajo por cuidarla, haciendo que casi perdiera mi empleo. Neli se alegraba al ver cómo me estaba afectando, pues esa paciente que no pude salvar era su madre. Esa era su motivación, su razón para arruinar mi vida. Aprovechaba que yo no podía ver a Neythan porque él también estudiaba.

Cuando me enteré de que ella era quien me hacía todo eso, la enfrenté.

—¿Por qué? ¿Por qué lo haces? —le dije con seriedad.

Ella, con lágrimas en los ojos, respondió:

—¡Porque no salvaste a mi madre! Me quitaste lo que más quería y juré que te arruinaría la vida como tú lo hiciste conmigo.

Sus palabras me cayeron como un balde de agua fría. Mis recuerdos volvieron. Todos esos meses que fui al psicólogo parecían en vano. No sabía qué hacer ni qué sentía. Solo vi cómo Neli empezó a toser y a temblar. Yo la miré, pero no podía no hacer nada. Me acerqué y la senté en el sofá mientras le traía un vaso con agua. Pero ella lo tiró.

—No quiero nada de ti —me gritó molesta.

No me importó. Jamás dejaría a una persona sufrir. Así que la cuidé, aunque me gritara e intentara arruinar mi vida.

Con el paso de los días volví a la universidad; casi repruebo. En el trabajo me despidieron, pero Neythan me ayudaba, me daba algo de dinero y cuidaba de mí y de Neli. Sin embargo, la salud de Neli empeoró y la llevé a un hospital, donde quedó internada. La visitaba todos los días, pero no me dejaban pasar porque no era familiar.

Con el tiempo conseguí un trabajo temporal y seguí con mis estudios.

Ya a punto de graduarme, aproveché para ir a visitar a Neli con la excusa de que, como estudiante de enfermería, iría a tomar apuntes. No sé cómo logré pasar, pero lo hice. Cuando Neli me vio, lágrimas cayeron por sus mejillas.

—¿Por qué estás aquí? —su voz baja ya no era alegre ni amable, sino llena de agonía.

—Vine a visitarte, para ver cómo estabas.

—Después de que intenté arruinarte la vida…

El silencio quedó suspendido. Ella, con tan solo ver mis ojos, entendió. Yo solo quería ser enfermera y salvar personas. Puse una sonrisa suave, algo que jamás había hecho, excepto con Neythan. Al verla, Neli se llenó de arrepentimiento, pero antes de que pudiera decir algo, los doctores me pidieron que me retirara. Esa fue la última vez que la vi.

Cuando por fin me gradué, el día se sentía bien. Seguí yendo al psicólogo para aprender más sobre mis emociones y saber identificarlas mejor.

Tiempo después me enteré de algo horrible: la mujer con la que viví, a quien cuidé… la enfermedad le había arrebatado la vida. Nunca supe cuál fue. Me sentía mal, pero no sabía qué sentimiento era; solo sabía que no era bueno. Neythan me apoyó siempre, me acompañó a todo y me ayudó a superar a las dos personas que no pude salvar.

Actualmente soy una enfermera que ayuda a salvar vidas. Aunque en el pasado cargué con la muerte de dos personas, hoy son mi motivación. Ya puedo diferenciar mejor mis sentimientos gracias a la ayuda que recibí, y me volví aún más unida a la persona que siempre estuvo conmigo desde pequeña. Y aunque no sé exactamente lo que siento todavía, lo que sí puedo decir es que sé que lo amo.


FIN


  • Autor: Sofía Pedroza Ortíz

  • Título: Un invierno de lágrimas

  • Proyecto de la materia de Lengua y Comunicación II

  • Año:2026

 
 
 

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